lunes 22.07.2019

Quiérase y camine hacia su objetivo

No somos autómatas que nos programamos para comer más o menos; somos personas de carne y hueso, con fortalezas y debilidades. El Dr. Cormillot explica por qué es importante reemplazar los pensamientos negativos.

 

Quiérase y camine hacia su objetivo


Ya hemos dicho que las dietas sin supervisión profesional no resultan eficaces a mediano y largo plazo. ¿La razón? En parte, porque se concentran únicamente en contar calorías y no tienen en cuenta otros aspectos claves del tratamiento del sobrepeso y la obesidad. Y las personas no somos autómatas que simplemente nos programamos para comer más o menos; somos de carne y hueso, con nuestras fortalezas y debilidades.

Hay un aspecto en los programas para adelgazar del que no se suele hablar tanto y que, en última instancia, puede ser tan importante como cambiar la alimentación o practicar más actividad física. De hecho, sin este primer cambio, resultará más difícil adoptar cualquier otra conducta. Me refiero a controlar los pensamientos negativos, aquellas ideas o creencias que nos dan por derrotados aun antes de empezar, que nos desalientan y nos indican que no vale la pena esforzarse.

Los pensamientos negativos pueden variar mucho de una persona a otra. Pueden referirse a situaciones cotidianas (“No tengo oportunidad en la entrevista laboral. Elegirán a alguien delgado”), a la apariencia física (“Soy muy gordo. Todos me miran siempre con desagrado”), o incluso al tratamiento mismo (“Hoy me estoy cuidando, pero el fin de semana seguro me descontrolo”). Esta suerte de “diálogo interno” sólo sirve para una cosa: prepararlo para el fracaso.

La mayoría de las veces estos pensamientos no tienen un sustento real. Por ejemplo, en el caso de la entrevista laboral, alguien podría preguntarnos: ¿cómo sabe que elegirán a otro? O, si eligen a otro, ¿cómo puede estar seguro de que es a causa de su apariencia física? Pensar de esa forma puede cerrarnos las puertas, por ejemplo, evitando las entrevistas o poniéndonos a la defensiva. La discriminación a los obesos es una dolorosa realidad, pero aun en el caso de que una persona sea excluida por su apariencia, no significa que siempre lo será.

Tomemos el segundo ejemplo: “Soy muy gordo/a. Todos me miran siempre con desagrado”. Es cierto que las personas con mucho sobrepeso suelen sufrir situaciones embarazosas e incluso maltrato a causa de su aspecto, pero no son todos quienes siempre lo miran con desagrado.

A veces sólo vemos lo que queremos ver –en este caso, desagrado- y malinterpretamos las señales que nos transmiten otras personas.

Pensar en términos generales y negativos impide que apreciemos las cosas buenas, hace que pasemos por alto algún elogio, o que sólo tengamos en cuenta los momentos incómodos. ¿Pensó en cuántas veces usted no se sintió observado? ¿Y en las veces que sintió que le caía bien a otras personas?

Barreras

Por último, pensemos en el ejemplo que se refiere al tratamiento contra la obesidad: “La semana próxima tengo una fiesta: echaré a perder todo mi esfuerzo”. Pensamientos como éstos constituyen una de las barreras más importantes a vencer en el camino a la recuperación. Muchas veces, estas profecías se basan en malas experiencias del pasado; destacarlas es característico de las personas que son muy duras consigo mismas y no se perdonan ninguna falla.

Tenga nen cuenta que no existe la dieta perfecta: somos seres humanos, con aciertos y errores. Los tropiezos siempre nos van a acompañar; la cuestión es si nos ponemos de pie cada vez y seguimos avanzando, o si nos quedamos en el piso lamentando nuestras desgracias.

Aunque haya tenido alguna vez un tropezón (por ejemplo, un fin de semana en que no se cuidó como debía), no necesariamente siempre se repetirá. ¿Qué tal si sacude su mente y considera que ahora estará mejor preparado para superar los desafíos?

 
Aprenda a perdonarse

Si desea alcanzar sus metas tendrá que quererse: nadie puede apoyarlo en su camino mejor que usted. La mayoría de la gente se ocupa más de sus fracasos que de sus éxitos, y así magnifican y perpetúan justamente lo que no les gusta. Ocuparse de sus aciertos -grandes o pequeños- lo hará sentirse bien con usted mismo y le dará la fortaleza y la confianza para avanzar hacia sus objetivos.

Prof. Dr. Alberto Cormillot

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