Martes 18.06.2019

Cómo enseñar a sus chicos a comer bien

Hay que estimular el interés de los niños por probar nuevos sabores. Presentar platos atractivos y crear un clima agradable en la mesa. Recursos prácticos

 

La nutrición balanceada durante las primeras etapas de la vida influye sobre nuestro desarrollo físico, mental y emocional. Es, sin dudas, un capital para toda la vida. Los chicos que desarrollan hábitos alimentarios saludables con el tiempo comprendan el efecto que tiene la comida sobre el organismo y su bienestar. Enseñarles a comer más de algunos alimentos y a moderar el consumo de otros es una de las tareas más complejas de los padres.

Los primeros años de vida del niño suelen ser a un tiempo los más fáciles y los más complicados en cuanto a la alimentación. Resultan sencillos porque consumen poca variedad de alimentos y no hay necesidad de restringir la ingesta de grasas o colesterol. Y son complicados porque el desarrollo es acelerado y los deseos por los alimentos varían frecuentemente.

Una forma de saber si su hijo está comiendo de manera adecuada es observar si su crecimiento es el indicado para la edad, el peso y la altura, si se lo ve saludable y se mantiene activo. El pediatra debe hacer los controles correspondientes.


Cambio de hábitos
 
Obligar a los chicos a comer “alimentos sanos” no es conducente, así como es poco realista tratar de suprimirles por completo los alimentos “no saludables”. El desafío es animarlos a reforzar conductas saludables sin insistir en la perfección.

Es importante que en los cambios se involucre todo el grupo familiar. En algunas familias en las que uno de sus miembros es obeso y otros son delgados suelen cocinarse preparaciones diferentes: esto en general no funciona. Tampoco da resultado reservar galletitas y helados para dárselos a los delgados. Es importante que toda la familia adopte un mismo plan de alimentación para seguir y disfrutar.


 
Múestrele a su hijo la variedad de alimentos existentes y estimule su interés por probarlos. Cuando le ofrezca un nuevo alimento y el niño lo rechace, no se desanime: vuelva a intentarlo. La presentación repetida del alimento, en distintas formas y preparaciones logrará que en algún momento termine por aceptarlo. Si está dispuesto a insistir y ofrecérselos una y otra vez, con el tiempo tendrá éxito.

Cuando el niño rechaza el plato que se le sirve, dejarlo con hambre no es lo adecuado. Para esas ocasiones conviene tener disponibles alimentos alternativos.

Evite discusiones en los momentos destinados a las comidas. Lo mejor es crear un clima agradable y tranquilo para disfrutar lo que se come y abrir la comunicación familiar.

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Cocinar juntos

Permitir que los chicos participen de la preparación de la comida es un modo de acercarlos a las posibilidades diversas que permite la alimentación, además de crear un hábito solidario.
 
Puede ser divertido elegir y leer juntos las recetas, seleccionar los ingredientes, medirlos y observar cómo cambian durante la cocción, en algún momento en que usted cuente con tiempo y disposición.

Los más pequeños podrán separar las hojas de lechuga para una ensalada, lavar las hortalizas, pinchar la tapa de una tarta o jugar con un pequeño trozo de masa. A medida que aumenta la edad pueden medir y mezclar ingredientes, romper y batir huevos, abrir latas, pelar frutas y hortalizas. Los mayores pueden, con un poco de supervisión, hacer tareas relacionadas con la cocción. Todos pueden colaborar en la limpieza de la cocina después de finalizada la tarea.

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Grasas y colesterol: la clave es prevenir

Una alimentación con excesiva cantidad de grasas y colesterol promueve el depósito de colesterol en las arterias y aumenta los riesgos de problemas cardíacos en la etapa adulta. Por ello es aconsejable desde la infancia mejorar la calidad de la alimentación: disminuir el consumo de carnes grasas, vísceras, pollo con piel, productos lácteos enteros (después de los 2 años), embutidos y productos de confitería, y aumentar la ingesta de hortalizas, frutas, cereales integrales y legumbres.

Para disminuir la sal

Las investigaciones indican que los niños que consumen una alimentación rica en sal, muestran mayor riesgo de hipertensión en la vida adulta.

En general se cree que los chicos incorporan más sal que lo conveniente, sobre todo por el consumo elevado de algunos alimentos procesados como hamburguesas industrializadas, salchichas y productos de copetín. Los alimentos ricos en sodio que conviene disminuir son sal de mesa y sal marina, quesos duros y semiduros, fiambres, aceitunas, papas fritas, chizitos, palitos, enlatados, caldos y sopas industrializados. En la preparación de comidas conviene usar más especias y hierbas.

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