Vivir Mejor

Vivir Mejor Mayo 2013: Inundación, el día después

Vivir Mejor Mayo 2013: Inundación, el día después

Hace un tiempo las inundaciones se llevaron las casas de las villas... Sentí mucha pena y advertí en los medios sobre la importancia del agua potable, la seguridad de los alimentos y la higiene, entre otros temas; pero no me tocó a mí.

Después, nuevas inundaciones se llevaron muebles, recuerdos y pertenencias en otros barrios… Sentí mucha  tristeza y hablé de la resiliencia –capacidad humana maravillosa para crecer a partir de la adversidad-, de hepatitis A y de los cuidados sanitarios; pero tampoco me tocó a mí.

Otras inundaciones se llevaron negocios, ahorros, trabajo de toda una vida… Sentí gran pesar y pensé “¿cómo harán para recuperarse?”. Seguí comunicando pero aún no me había tocado  a mí.

Las últimas inundaciones se llevaron todo lo anterior y, además, vidas. También comenté y aconsejé, pero al final me quedé sin palabras, evitando los noticieros, angustiado. Pero nuevamente no me había tocado a mí.

El 2 de abril pasado perdí con la inundación un archivo de 85 mil historias clínicas de obesidad. Quizás el más grande del mundo. Un archivo guardado desde 1961, desde Jorge López, mi querido y arriesgado paciente número uno. Ahora también me tocó a mí.

Lo que aprendí de obesidad lo transmití en los libros que escribí y en los trabajos que publiqué. Pero la práctica, lo que hice, lo que hicimos, estaba reflejado en esas páginas que transmitían prácticamente la historia de la obesidad en la Argentina. Decenas de profesionales volcaron allí su experiencia. Fue la base de datos, hasta donde yo sé, más grande existente en la materia. Esas historias clínicas reflejaban aciertos, errores, evoluciones, tendencias, juicios, procedimientos, supervisiones…, la vida de 85 mil personas que acudieron -y muchas de ellas siguen acudiendo- a la Clínica. Estudios, imágenes, electrocardiogramas, ecografías y otros exámenes que por una u otra razón los pacientes no retiraron.

La historia clínica es, desde Hipócrates (siglo V aC) una historia de vida, de hábitos, de salud, de enfermedades. Testimonia la relación profesional-paciente, es el único documento válido, clínico y legal. Habla del paciente y también del profesional. Es esencial en el aprendizaje. Y para mí era todavía más que eso: era la historia de mi vida profesional, una vida dedicada a la medicina y a los pacientes, tanto a los cercanos como a los que, por intermedio de las instituciones que dirijo, atendió mi equipo.

Protesté y protesto a rabiar cada vez que vuelve un paciente de años y no se lo atiende con la historia original. Para eso está. Es mi orgullo, mi pasión, es la única forma de hacer medicina, la que me enseñaron mis maestros desde la historia, la Universidad, mis estudios posteriores y mi práctica. Sin historia clínica no hay medicina. Si no está anotado, no existe. Cada una de ellas es un tesoro. Todas juntas, pónganle ustedes el nombre.

Después de la inundación me quedó una sensación de incredulidad, pena y tristeza inmensas. Se qué no se puede comparar con lo que perdieron otros, a quienes se les fue incluso la vida de sus seres queridos, pero ésta es mi pérdida y lloré por ella. Es el trabajo de toda una vida médica reflejada en ese archivo que soportó mudanzas, algún que otro hurto y la inexperiencia de algunos archivistas, pero siempre las tuve conmigo y las hice reordenar cada vez que se mezclaban.

El día después

Después del lamento viene lo único que se puede hacer: ponerse el casco y apretar los dientes. Lo que tantas veces repetí en los medios me surgió desde mis genes. Hice lo que hubieran hecho mis padres: “apechugar”, como diría mi madre; y pensar en el “todo tiene arreglo”, que diría mi padre. Eso hice con todas mis energías.

Así, nos pusimos a recuperar todas las que no quedaron destruidas, hechas puré, sacándolas de una maraña de hierros retorcidos, maderas astilladas, clavos y vidrios, aplastadas por miles de otras carpetas y armarios descalabrados. Sin luz, sin agua. En fin, lo que sufrieron tantos argentinos y se vio hasta la indignación por TV.

“En la adversidad es donde se ven los amigos”. Suelo repetirlo en mis reflexiones de cada mañana en la radio, donde incluyo pensamientos populares y de los grandes de la historia. Sufrí tristezas en mi vida, pero no desastres. En éste, mi primero, corroboré ese dicho. Continué aprendiendo sobre el alma y la conducta humanas. Una bolilla que me faltaba. Increíble la ayuda de algunos y el borrarse de otros. Estos últimos, ¿fueron necesarios? No. ¿Indispensables? Mucho menos. Sólo preferibles, que no es poco.

Hubo gente que vino sin decir una palabra, sin siquiera saludar o hacerse notar algunos entraron y se pusieron a trabajar rescatando, sacando agua, levantando trozos de historias, cortando hierros retorcidos, subiendo miles de carpetas del subsuelo, escombros, acomodando lo posiblemente salvable, secando con secador de pelo, plancha, horno, caloventores, estufas, turbos… Poniendo papel secante entre las hojas mojadas para que la gente de Lakaut S.A., que se ofreció gratuitamente a escanear y digitalizar lo salvado, hiciera su trabajo.

Estuvieron, por supuesto, quienes vinieron para la foto, y aquellos que ofrecieron ayuda incondicional pero jamás aparecieron. Claro que no todo el mundo tenía que hacerse presente. Otros tenían que atender sus propios dolores.  Buena disposición y regañadientes. Mensajes de apoyo, otros que esperé y nunca llegaron, otros que nunca esperé y llegaron.

Hubo, por supuesto, quienes hicieron que el resto de la maquinaria siguiera funcionando. La familia también estuvo presente y ayudó como pudo. Agradezco a unos y otros la enseñanza que me dejaron en el capítulo “Acerca de los desastres y la naturaleza humana". Seguramente me harán reflexionar más a fondo sobre mi propio comportamiento ante situaciones similares que ocurran a otros

¿El balance? ¡Al final éramos una multitud! Sería injusto no destacar a... *La gente de Alco con sus dos cabezas principales, profesionales, administrativos y voluntarios / *El equipo de Dieta Club Central / *El director administrativo de la Clínica, el personal de mantenimiento, los choferes, dos mucamas más que voluntarias / *La coordinadora del área de capacitación de la Red que me acompaña desde hace muchos años / *Nuestra bibliotecaria y nuestra chef, quien se movilizó a distancia / *Mi secretaria, colaborando como siempre en todo / *Hijos y esposas de algunos colaboradores. / *Los medios de comunicación en los que trabajo y muchos otros que me hicieron sentir su solidaridad / *Mi hija, que me llenó de orgullo encabezando a mi lado el subirse a las diversas montañas para llegar alguna vez al piso que se hacía desear / *Mis seres queridos que comprendieron mi sentir y me apoyaron más allá de su presencia / *La Universidad ISALUD a través de su vicerrector / *El municipio de Malvinas a través de su ministro de Salud / *Dietascormillot.com.

Una vez un especialista en dolor me dijo “dolor es lo que el paciente dice que siente, dónde lo siente, cuándo y cuánto lo siente”. Es posible que algunos no entiendan mi dolor. “Al fin y al cabo son papeles”, se podrá decir. Y sí, es cierto. La empatía no es obligatoria ni necesaria en este caso. A mí me duelen. Y es por eso que quise rescatarlas. Entre todos, logramos salvar una parte de esta historia que les cuento. La solidaridad del entorno, la compañía, la mano en el hombro me reconfortaron y me ayudaron a seguir. A todos los que de un modo u otro me acompañaron en este trance va todo mi agradecimiento.

Prof. Dr. Alberto Cormillot


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