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SALUD
Dependencia del alcohol

El consumo continuado de esta bebida afecta singularmente al organismo. En esta nota, algunas de las posibles soluciones.

 

La dependencia del alcohol es un desorden crónico resultante de una variedad de factores, genéticos, psicosociales y ambientales. Se caracteriza por la tolerancia aumentada a los efectos del alcohol, deterioro del control sobre la forma de beber y consumo continuado a pesar de las consecuencias adversas. Afecta a casi el 10 por ciento de la población y provoca problemas sociales, considerable morbilidad y mortalidad, con altos costos del cuidado de la salud.

Su tratamiento es médico y psicológico con intervenciones en el área social. Generalmente, comprende dos fases: desintoxicación y rehabilitación. La primera mejora los síntomas y señales de abstinencia, la rehabilitación ayuda a que el paciente evite futuros problemas con el alcohol. Los tratamientos de rehabilitación integran una terapia individual y grupal, tratamientos de internación en ambientes libres de alcohol y grupos de autoayuda como Alcohólicos Anónimos. Casi todos los programas abogan por la abstinencia completa. Aunque son efectivos en reducir el consumo y en mantener la abstinencia, entre un 40 y un 70 por ciento de los pacientes vuelve a beber dentro del año después del tratamiento.

Hay un creciente interés en la terapia con drogas producto de los avances en neurobiología, los que han identificado sistemas de neurotransmisores que inician y mantienen que la persona beba alcohol; y se piensa que la modificación farmacológica de estos neurotransmisores o sus receptores puede modificar la dependencia. Nuevas drogas han reducido el consumo de alcohol en animales y pueden -aparentemente- contribuir a reducirlo en humanos. El desarrollo de drogas para el tratamiento de desordenes adictivos, como dependencia de la nicotina y los opioides, sugiere que puede ser posible desarrollarlas para el tratamiento de la dependencia del alcohol.

Aspectos neuroconductuales

El alcohol es una droga con efectos conductuales complejos. Puede ser placentera o no, estimulante o sedante. Los efectos dependen de la dosis, el lapso después de la ingestión, si la ingestión es crónica o intermitente, las expectativas del bebedor, el entorno en que se consume alcohol, la personalidad del bebedor y su predisposición genética a la dependencia del alcohol. 

El alcohol afecta a varios neurotransmisores cerebrales, incluyendo la dopamina, ácido g-aminobutírico, glutamato, serotonina, adenosina, norepinefrina, péptidos opioides y sus receptores. Los efectos estimulantes y agradables del alcohol están mediados por la ruta dopaminergica (área ventral tegmental del nucleus accumbens). La ingestión excesiva y repetida de alcohol sensibiliza esta ruta y conduce a la dependencia. Las drogas que apuntan al sistema dopaminérgico pueden reducir los efectos reforzadores del alcohol y por lo tanto su consumo.

De modo similar, las drogas que aumentan los efectos contrarios del alcohol -personas más sensibles a los efectos sedativos parecen tener menos probabilidades de beber mucho y desarrollar dependencia- pueden disminuir el consumo. Las drogas que reducen los síntomas crónicos de la abstinencia del alcohol pueden tratar la dependencia reduciendo la necesidad de los pacientes de beber alcohol para evitar este estado. 

La exposición a largo plazo al alcohol causa cambios adaptativos en varios sistemas de neurotransmisores, incluyendo una baja en la regulación de los receptores neuronales inhibidores del ácido-amino butírico; la regulación hacia arriba de los receptores de excitación de glutamato y una actividad aumentada central de norepinefrina. 

La detención de la ingestión de alcohol deja este estado de excitación sin oposición, causando una hiperactividad en el sistema nervioso y la disfunción que caracteriza la abstinencia del alcohol. Las personas que beben alcohol por períodos prolongados y en exceso también tienen una fuerte ansiedad, deseo conciente o urgencia de beber alcohol. La ansiedad intensa conduce a preocupación por el alcohol y aumenta la probabilidad de beber. 

Esta necesidad fuerte puede ocurrir en varias circunstancias, antes y durante la ingestión de alcohol, durante la abstinencia aguda y durante la exposición a la vista o el olor del alcohol mucho después de haber dejado de beber. Esta necesidad fuerte o ansiedad, ha sido vinculada con los sistemas dopaminérgicos, serotonérgicos y opioides que median el refuerzo positivo y con los sistemas del ácido-amino butírico, del glutamato y noradrenérgico que median la abstinencia. La reducción de la ansiedad o necesidad está asociada con una abstinencia prolongada.

Finalmente, algunas personas con desórdenes psiquiátricos se vuelven dependientes del alcohol como resultado de automedicarse con alcohol para reducir síntomas psiquiátricos y el distress. La dependencia del alcohol es común entre pacientes con esquizofrenia, pánico y depresión. Las drogas que tratan efectivamente el desorden psiquiátrico de base pueden reducir el ímpetu de la ingestión de alcohol.

Tratamientos con drogas

El metabolismo del alcohol es un proceso en dos etapas. El etanol es convertido en acetaldehído y éste, a su vez, en acetato. Para la mayoría de las personas que ingieren alcohol, el acetaldehído es metabolizado rápida y eficientemente de modo que no se acumula. Cuando se acumula, causa taquicardia, diaforesis, disnea, náuseas y vómitos, efectos no deseados que el paciente intentará evitar, pues justamente por ese motivo surge la utilización de drogas adversas. Es el caso del disulfiram, causa la acumulación de acetaldehído provocando los síntomas poco placenteros, poniendo freno a la ingestión del alcohol. La dosis usual de disulfiram es 250 mg por día, aunque dosis entre 125 mg y 1.000 se dan a veces, dependiendo de los efectos secundarios y la respuesta.

Algunos pacientes toman disulfiram solo cuando están en alto riesgo de recaída; otros lo toman continuamente. La administración de disulfiram bajo observación directa ha mostrado un aumento de su efectividad. Los pacientes que utilizan disulfiram deben tener presente el peligro de consumir alcohol en bebidas, alimentos, medicación de venta libre, enjuagues bucales. 

El disulfiram inhibe el metabolismo de varios medicamentos, drogas anticoagulantes, fentoina e isoniazida, exagerando sus acciones y efectos tóxicos. Debe usarse con precaución en pacientes con enfermedad hepática y es contraindicado en mujeres embarazadas y pacientes con enfermedad cardíaca isquemica. Puede causar hepatitis y deben realizarse pruebas de la función del hígado con regularidad durante el tratamiento.

Antagonistas opioides

Se observó que los mismos reducían el consumo de alcohol en animales y se realizaron estudios clínicos del naltrexone en pacientes alcohólicos. Se ha propuesto que reduce el consumo de alcohol y aumenta la abstinencia disminuyendo los efectos agradables y positivos y disminuyendo también la necesidad de alcohol. 

El naltrexone y otros opioides antagonistas bloquean la liberación inducida por el alcohol de dopamina en el nucleus accumbens. Los bebedores sociales informaron efectos menos positivos, más sedativos y desagradables, cuando tomaban naltrexone. Los pacientes con alcoholismo que beben durante el tratamiento con naltrexone informan experimentar menos "altos" con el alcohol y tienen menores probabilidades de progresar hacia una forma de beber más fuerte. 

Reduce la necesidad de alcohol tanto en pacientes alcohólicos como en bebedores sociales. Aunque hay estudios que no hallaron efectos del naltrexone, se observó que en el caso de los estudios negativos los pacientes abusaban de múltiples sustancias lo que podría limitar su eficacia. Otra variable importante era el cumplimiento con la medicación. 

Entre los pacientes que tomaban al menos 80 por ciento de la prescripción disminuía significativamente el número total de bebidas consumidas y la cantidad diaria. Si bien dosis de 300 mg de naltrexone, diariamente, se han asociado con efectos hepatotóxicos, éstos son raros en dosis diarias de 50 mg. Sin embargo, los pacientes con enfermedad hepática deben recibir naltrexone con precaución y su función hepática debe ser monitoreada periódicamente a través del tratamiento. El nalmefene, un opioide antagonista, aprobado por la FDA para la reversión de intoxicación opioide y sobredosis, es químicamente similar al naltrexone, pero menos hepatotóxico. 

Un estudio clínico de 12 semanas en pacientes con dependencia del alcohol, recibieron dosis de 10 y 40 mg de nalmefene diariamente, el grupo de dosis más alto fue más abstinente. Se piensa que el acamprosate tiene actividad agonista en los receptores de ácido g-ami-nobutírico e inhibidora en los receptores n-metil-d-aspartato. Normaliza la excitación de glutamato que ocurre al dejar el alcohol y la abstinencia temprana. Este efecto puede reducir la necesidad y el distress y por lo tanto reduciría la necesidad de consumir alcohol. Esta droga no es metabolizada, se elimina por excreción renal por lo tanto debe darse con precaución en pacientes con deterioro renal. Sus principales efectos secundarios son diarrea (10 por ciento) y dolores de cabeza (20 por ciento). La dosis usual es de 2 a 3 gramos por día divididos en dosis. No está disponible en los Estados Unidos.

Las drogas dopaminergicas son antagonistas de la dopamina. Pueden bloquear los efectos del alcohol, los agonistas pueden aliviar el estado de deficiencia de dopamina. El tiapride, una droga antagonista D2-dopamina comercializado en Europa, es un neuroléptico y ansiolítico atípico, reduce los síntomas de abstinencia y está aprobado para el tratamiento del alcoholismo agudo y crónico. Los pacientes de un estudio recibieron 300 mg de tiapride por día durante tres meses. Aunque sólo el 54 por ciento cumplió con la medicación por lo menos durante un mes, los que lo hicieron y recibieron tiapride, mostraron más tendencia a permanecer abstinentes y fueron dueños de una serie de porcentajes menores de uso de los servicios de cuidado de salud.

Otras drogas

También se han utilizado otro tipo de drogas con relación a aquellos pacientes dependientes del alcohol. El punto es que fueron utilizadas en animales pero aún no han sido aprobadas para mantener un tratamiento con humanos.

Estabilizadores del estado de ánimo

El litio reduce el consumo de alcohol en animales y bloquea la intoxicación alcohólica en bebedores sociales. Sin embargo, en pacientes con alcoholismo no redujo el consumo de bebida, por lo que se concluyó que era inefectivo en el tratamiento de la dependencia. La carbamazepina, estabilizador de ánimo y anticonvulsivo, se ha utilizado para tratar la abstinencia de alcohol y se ha informado que mejora el tratamiento, aunque los estudios han sido poco concluyentes.

Drogas sedantes

Aunque se prescriben benzodiazepinas y otras drogas para dejar el alcohol, no se dan a menudo en el tratamiento de la dependencia. Los pacientes dependientes del alcohol que reciben dosis de sedantes como mantenimiento pueden volverse dependientes de los mismos sedantes.

Drogas serotonérgicas

La serotonina puede modular los efectos conductuales del alcohol, aunque sus consecuencias son complejas debido a la presencia de múltiples subtipos de receptores de serotonina. Los inhibidores de la recaptación selectiva de serotonina, como la fluoxetina, sertralina y citalopram, usados clínicamente como antidepresivos y ansiolíticos aumentan la función serotonergica y reducen el consumo de alcohol en animales. En pruebas con pacientes sin depresión que eran bebedores fuertes, éstos redujeron el consumo de alcohol de un 15 a un 20 por ciento. Los pacientes que toman una de estas drogas informan una reducción en el deseo y el gusto por el alcohol. Sin embargo, los resultados en pacientes con diagnóstico de dependencia han sido menos impresionantes. Algunos receptores de serotonina que redujeron el consumo en animales (buspirona, ondasnsetron y ritanserina) no mostraron la misma eficacia en humanos.

Pacientes con desórdenes psiquiátricos

En pacientes con dependencia alcohólica y depresión mayor, las drogas antidepresivas combinadas con tratamiento psicosocial mejoran la depresión y, en menor grado, la dependencia del alcohol.

Recomendaciones

La terapia con drogas debería considerarse para todos los pacientes con diagnóstico de dependencia de alcohol que no tienen contraindicaciones médicas para el uso de la droga y que están dispuestos a tomarla. De la serie de drogas estudiadas, la evidencia de eficacia es más fuerte en el naltresone y el acamprosate. 

El primero se puede obtener en los Estados Unidos; el segundo y el tiapride se obtienen en Europa pero no en los Estados Unidos. Aunque el disulfiram está aprobado para el tratamiento de dependencia de alcohol en los Estados Unidos y el calcio carbamide fue aprobado en Canadá, hay poca evidencia que apoye el uso de estas drogas adversas, aunque algunos pacientes y clínicos creen que proporcionan un freno psicológico efectivo para beber. Para los pacientes alcohólicos con desórdenes psiquiátricos, como depresión y ansiedad, deberían ser tratados con drogas efectivas para la condición psiquiátrica.

La selección de la droga debería depender del estado clínico del paciente y la farmacoquinesis de la droga. Para pacientes suicidas, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son preferibles a los antidepresivos triciclicos por su falta relativa de toxicidad. Debido a que el uso crónico y fuerte de alcohol puede inducir concentraciones más elevadas de enzimas hepáticas puede ser que se necesitan dosis de drogas antidepresivas más altas para lograr concentraciones en plasma terapéuticas. 

Aunque la terapia con dos o más drogas con diferentes mecanismos de acción, juntas o en secuencia, puede producir beneficios sinérgicos en pacientes con dependencia de alcohol, no hay evidencias de que una terapia múltiple mejore la efectividad del tratamiento. La terapia con drogas para pacientes alcohólicos debería combinarse con terapia psicosocial para proporcionar apoyo emocional, para manejar los problemas psicológicos y sociales asociados con la dependencia del alcohol y para aumentar el cumplimiento con la terapia farmacológica. Finalmente, pacientes y médicos deberían reconocer que la dependencia del alcohol es tenaz. Las terapias con drogas actuales no eliminan la dependencia sino que más bien ayudan a reducir el consumo y a lograr periodos más prolongados de abstinencia con algunos pacientes. 

La terapia con drogas puede mejorar los resultados del tratamiento y por lo tanto reducir la morbilidad y mortalidad, mejorando la calidad de vida. Queda por resolver la dosis óptima de droga, la duración del tratamiento, la terapia psicosocial concomitante, el costo efectivo de la terapia con drogas y los tipos de paciente que se beneficiarán con una droga específica.

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