Vivir Mejor

Vivir Mejor Agosto 2014: Mantenerse activo, el desafío del nuevo milenio

Vivir Mejor Agosto 2014: Mantenerse activo, el desafío del  nuevo milenio

Hace unos cuatrocientos años, el ideal del cuerpo era el que reflejaba “Las tres gracias”, el famoso cuadro del pintor barroco Peter Paul Rubens (1636-1639)… Buenas formas, algo redonditas, y hasta con celulitis. Sin embargo, estoy seguro de que Rubens las pintó como hermosas, representativas del modelo de la época.

A mediados del siglo pasado, se impusieron Twiggy, la Barbie y las modelos superdelgadas. Con ellas la proliferación de la anorexia y la frecuente queja de “este jean que no me entra".  El modelo de cuerpo fue cambiando. Y lo que hacemos con él, también.

Sin embargo, hasta fines del 1900, todavía existía casi una religiosidad del cuerpo. La fuerza moral incluía el vigor físico y se buscaba perfeccionarlo a través del atletismo, la calistenia y los deportes competitivos. Para los hombres, por supuesto. Una mujer yendo a un gimnasio… ¡impensable! Incluso hasta mediados del siglo pasado era algo raro, y quizá signo de dudosa moralidad.

El mundo cambia

A partir de 1940, el mundo cambió vertiginosamente. La revolución de los electrodomésticos le ganó al movimiento corporal. La mujer salió mucho más a trabajar, generalmente a oficinas o trabajos sedentarios. Lejos de las tareas domésticas y sentada frente a un escritorio, el movimiento se hizo cada vez más reducido.

Aparecen entonces los gimnasios y el aerobismo. Mujeres y hombres debían correr para mantenerse en estado. Comienza a asociarse el movimiento con la salud, pero el movimiento debía ser con esfuerzo y casi llegar al punto de provocar dolor. El slogan era “no pain, no gain", que significa algo así como que “sin dolor no hay beneficios".

Numerosos trabajos científicos comenzaron a demostrar, entre otras cosas, que la actividad física trae innumerables beneficios para la salud, para el corazón, las arterias, los huesos, las articulaciones, la memoria, el sueño, la autoestima. Que ayuda a prevenir la aterosclerosis, el cáncer, la osteoporosis, los accidentes cerebrovasculares, la depresión y el estrés y otros problemas.

Por otro lado, se comprobó que había una relación directa entre la cantidad de horas semanales de movimiento fuerte y las lesiones en los músculos, las articulaciones y los huesos. Se observó el riesgo de practicar actividades fuertes el fin de semana en personas sedentarias durante la semana. Los desgarros y fracturas eran habituales en el mejor de los casos, y los infartos, en el peor.

Comenzó el abuso de la actividad. Apareció así un nuevo desorden del comportamiento: la actividad física compulsiva, una enfermedad del tipo de la anorexia y la bulimia. Sobrevinieron otros descubrimientos, tanto de estudios científicos como del sentido común: se redescubrió la palabra “moderación”. Para los que se exceden en la actividad y para los que se exceden en el estar sentados. Moderación con la silla y con las zapatillas. El gran avance fue el llegar a la conclusión de que poco era mejor que demasiado; lento, mejor que rápido; más no era sinónimo de mejor, y que la suma de actividad repartida durante el día se asociaba con los buenos resultados.

Pero para entonces hubo otra oleada de inventos: las comidas congeladas, el delivery, las computadoras y, tiempo más tarde, los teléfonos inteligentes e internet. Hoy ni siquiera hay que salir a hacer compras, todo lo que imagine lo puede obtener a través de un clic, conexión mediante.

 

Inventos que afectaron el movimiento

•Ascensor (1853). •Radio (1895, 1° emisión 1901). •Escalera mecánica (1897). •Cine sonoro (1900). •Lavarropas automático y colectivo de dos pisos (1904). •Televisión (1° emisión pública 1927). •Autocine (1933). •Carrito de supermercado (1937). •Tarjeta de crédito, cortadoras de césped eléctricas y a gas (1950). •Ordenadores (1940), computadora hogareña (1984) y su versión portátil (1995). •Internet (inventada en 1969, uso doméstico 1990). •Videojuego (1970) y PlayStation (1997). •Teléfono móvil (1983). •Y las tabletas, la fotografía digital, los teléfonos inteligentes, la televisión paga y bajo demanda, el GPS...

Inventos que afectaron la alimentación

 •Licuadora (1922). •Heladera (1927). •Olla a presión (1939). •Horno microondas (1946). •Comercialización de enlatados (1950). •Primer local de comida rápida (1954). •Comidas congeladas para microondas  (1976).  •Multiprocesadora (1975). Gracias a todo esto  nos movemos menos  y comemos más.

 

¿Y el movimiento?

Bien, gracias. Se calcula que sólo un 15% de los adultos se mantiene activo; cerca del 30% son totalmente sedentarios, y más de la mitad de las personas se mueve un poco pero no lo suficiente como para lograr efectos significativos sobre su bienestar.

¿Quiénes se mueven más? Los hombres. ¿Quiénes se mueven menos? Las mujeres, todos a medida que pasan los años, los discapacitados y las personas de menos recursos. Es a ellos que habrá que destinar los mayores esfuerzos para lograr un cambio que ayude a asumir la responsabilidad de la propia salud. Con protagonismo, con entusiasmo, con energía, con decisión; tomando un compromiso con un estilo de vida sano y más activo. Porque el sedentarismo no viene solo sino que se acompaña de obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia, riesgo cardíaco, diabetes tipo2, osteoporosis, cáncer de colon, depresión, mortalidad prematura.

210 minutos por semana

Después de todo el camino recorrido, llegamos a las recomendaciones actuales: 210 minutos semanales de actividad física. ¿Le parece mucho? Son 30 minutos diarios, lo que equivale a 6 tandas de 5 minutos, todos los días. Nadie puede decir que no puede caminar 5 minutos por vez. Con eso es suficiente para obtener todos los beneficios del ejercicio.

Una vez que se pone el cuerpo en movimiento, será el propio organismo el que pida cada vez más porque sentirá la vitalidad que brinda el moverse. ¿De qué forma? Con actividad cotidiana para empezar: camine, suba escaleras, sala en bici, haga bicicleta fija mientras mira televisión, limpie la casa, pasee al perro, juegue con los chicos, baile o arregle el jardín. ¿Le gusta nadar, correr, hacer deportes? ¡Hágalo! Pero recuerde que el único ejercicio que sirve es el que se hace, el que es sostenible, el que se mantiene en el tiempo. Lo demás, son pompas de jabón.

La regla de las 3 P

Al momento de elegir su actividad, recuerde que debe ser:
-Progresiva (empiece de a poco).
-Placentera (una actividad que le guste).
-Posible (que no interfiera con su vida).
Si prefiere algo de más intensidad recuerde que, en líneas generales, deben consultar a su médico los hombres sedentarios mayores de 40 años, las mujeres mayores de 50, quienes padecen alguna enfermedad crónica y los que tienen la menor duda acerca de su salud.

¿Qué lo detiene a usted?

* “Tengo artritis, no puedo moverme”. Falso. La actividad física bien indicada reduce el dolor y la necesidad de medicación.
* "Tengo osteoporosis, temo caerme”.
Moverse aumenta el equilibrio, la fuerza, la coordinación y la flexibilidad.
* "Me olvido de hacer actividad”. Los ejercicios -aun de baja intensidad-, producen una mejoría inmediata de la memoria en las personas mayores que tanto se quejan de que se olvidan las cosas. Quizás por aumento de la circulación, quizás por aceleración de la transmisión de los impulsos nerviosos. El hecho es que cambia su relación con el pasado y con el presente.
* “Tengo diabetes”. Moverse es uno de los pilares de la prevención y el tratamiento de esta enfermedad crónica porque aumenta la sensibilidad de las células a la insulina y reduce los niveles de azúcar en sangre.
* “No duermo bien, estoy muy cansado”. Moverse mejora el sueño y estimula la vitalidad.
* “Cuando tomo fresco me resfrío fácilmente”. Si se moviera aumentaría la cantidad de células de defensa y haría más rápida su recuperación de estados gripales, resfríos e infecciones respiratorias.
Mantenerse activo, además, ayuda a dejar de fumar, disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama, de útero, de colon, de ovario y de próstata. ¿Queda alguna excusa más para justificar su sedentarismo? ¡Claro que sí! “No puedo”, “Me canso”, “La gimnasia no es para mí”, “Estoy gordo”, “Me duele todo”, “Tengo vergüenza”, “Tengo pereza”, “Hace calor, frío, humedad, llueve”, “Estoy viejo”… ¿Se reconoce en alguna? Excusas para no hacer actividad física puede haber miles, y razones para hacerla, sólo dos: querer vivir más y querer vivir mejor.

Cómo salir

Si usted es de los que afirman “la actividad física no me gusta”, quizá tenga razón. Es muy probable que no haya encontrado el ejercicio que mejor se ajusta a sus preferencias. Siga buscando. Pruebe todo lo que lo ayude a poner su cuerpo en movimiento. Casi todos terminan encontrando algún tipo de actividad física del que disfrutan.  No se considere sentenciado al sedentarismo, la inactividad no es parte de su personalidad.

Si incluso habiendo intentado "todo", sigue afirmando que no le gusta el ejercicio, salga a caminar. Media hora la mayor cantidad de días a la semana. Con música, con compañía. Pedalee en la bicicleta fija mientras mira la televisión. Alterne actividades (un día caminar, otro andar en bicicleta, otro hacer una clase de baile, otro día hacer ejercicios con pesas). Siga intentando. Aunque proteste. Si su médico le dijera “tiene que tomar este remedio para su hipertensión”: ¿le contestaría que no va a hacerlo, que lo aburre estar medicado, que prefiere seguir como hasta ahora?

Para moverse no es necesario salir a correr todas las maratones de la ciudad, ni anotarse en un gimnasio, ni transpirar la camiseta en un partido de fútbol todos los días. Empiece de a poco. Quizá después le vaya tomando el gusto, se cruce con otras personas que también están dispuestas a cambiar, encuentre un modo atractivo de moverse.  Acuérdese de esto: el 99% del cambio se da en el momento en que usted decide cambiar. El otro 99% viene después, cuando continúa con la decisión. Tiene razón, 99 + 99 no da 100%. Y es así, sólo cambian los que están dispuestos a poner todo. Con el 100% no alcanza. Se necesita mucho más y puede incluso ser difícil. Pero créame que vale la pena. 

 

Tips para mantenerse activo

* Propóngase metas posibles de corto plazo, que pueda cumplir. Elija una recompensa para cuando la alcance -ir al cine o comprarse ropa, por ejemplo.
* Busque un familiar o compañero que ponga las fuerzas cuando flaquea. Eso puede ayudarlo a dar continuidad al esfuerzo.
* Asígnese tareas físicas para el día siguiente: lavar el auto, hacer las compras a pie, estacionar lejos.
* Tome sus momentos de ejercicio como una cita importante, agéndelos.
* Mantenga un registro de lo que hace y de su progreso.
* Tenga un video de ejercicio para hacer cuando el clima esté malo, o use la bicicleta fija.
* Priorice las opciones que le resulten más entretenidas y atractivas.

 

¡Hasta la próxima!

Prof. Dr. Alberto Cormillot


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