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Vivir Mejor Agosto 2014: Tensión creativa, el secreto del cambio

Vivir Mejor Agosto 2014: Tensión creativa, el secreto del cambio

¿Cuál es su sueño? ¿Qué espera lograr en el futuro? ¿Qué quiere cambiar de su presente?

Nada ocurre hasta que existe una visión. Pero una visión sin propósito, sin vocación, es sólo una buena idea.

La visión es una imagen del futuro, de aquello que usted quiere crear. Algunas visiones son materiales (cómo y dónde vivir, por ejemplo); otras, de servicio (ayudar a alguien); otras, personales (un trabajo, un estudio, verse y sentirse mejor, lograr una relación de pareja armoniosa, mejorar la comunicación con sus hijos).

Todas forman parte de cómo es la vida que queremos vivir. A veces tenemos dificultad para hablar de nuestras visiones aunque ellas sean nítidas porque tenemos conciencia de la brecha que existe entre nuestra visión y nuestra realidad. Sin embargo, esta distancia es precisamente la fuente de energía para el cambio, porque si no hubiera brecha, no existiría la necesidad de una acción que nos impulse hacia la visión.

 

 

La brecha

Realidad (situación actual)

Visión (deseo)

* Tiene sobrepeso u obesidad. * Tener un paso sano, verse bien y evitar las complicaciones de salud.
* Tiene deudas. * Ser fiinancieramente equilibrado.
* Fuma. * No depender más del cigarrillo y sentirse vital.
* Está solo o tiene una pareja disfuncional. * Compartir la vida con quien lo valore y lo cuide.
* Vive a las corridas y pospone los placeres. * Organizar mejor su tiempo para hacer lo que le gusta.

 

En tensión

Esta fuente de energía es lo que llamamos tensión creativa. Existe algo como un elástico estirado entre su visión y su realidad actual. Debido a la brecha que existe entre ambos extremos, la banda se estira y crea una tensión que busca una resolución, algo que la haga ceder.

Hay dos modos posibles de resolver la tensión:

1. Impulsar la realidad hacia la visión. Se aprovecha la tensión (la incomodidad, el deseo del cambio, la decisión de alcanzar un sueño) de manera creativa. Esto implica salir de la zona de comodidad cotidiana para aventurarnos en otras zonas que implican un aprendizaje y cierta incertidumbre, el precio para alcanzar la visión.

2. Impulsar la visión hacia la realidad. La visión se neutraliza, sucumbe a la tensión emocional que se produce como consecuencia de tomar conciencia de la brecha. Esta tensión se caracteriza por sentimientos de tristeza, desaliento, desesperanza o preocupación que conducen a reducir la visión para adaptarla a la realidad actual o anularla devaluando el deseo.

Aprender a diferenciar entre estas tensiones es uno de los primeros pasos para conquistar lo que desea. Frente a una parte de la realidad que reconocemos que no se ajusta con nuestra visión surge una tensión emocional lógica, consecuencia de la brecha.

Quienes asocian esto con que la visión es imposible, difícil, o no están dispuestos a hacer el esfuerzo que alcanzarla requiere, vuelven a la realidad y siguen con su vida cotidiana sin operar cambios que aumentarían su bienestar. Otros, en cambio, aprovechan la energía de la brecha de una manera creativa y se animan a salir de su zona de confort, dispuestos a poner en práctica los pasos y las estrategias que les permitan impulsar la realidad hacia su visión tanto como sea posible.

 

Zona de comodidad

Es el dominio de lo conocido, de lo cotidiano, de lo habitual. Muchas veces es precisamente eso que queremos cambiar pero no nos animamos.

Zona de aprendizaje

Saliendo de la zona de comodidad se aprenden herramientas para conquistar metas. Aumentan la curiosidad, la comparación, la experiencia y el entusiasmo.

Zona de incertidumbre

Aquí están las dudas, los miedos, los temores que genera la prespectiva del cambio. Miedo al error, a la vergüenza, al qué dirán, al ridículo, a perder. Esto genera una tensión emocional que a veces le gana a la visión.

Zona de logro

Al salir de la zona de comodidad, aprender nuevas herramientas y enfrentar temores (incluso después de vivir traspiés y errores y de recalcular los pasos con flexibilidad), se llega a esta instancia en que se conquista la visión. Se enriquece el dominio personal, aumenta la autoestima y la conciencia de merecimiento y vuelve hacia la zona de comodidad para ampliarla y enriquecerla con la fuerza para encarar un nuevo desafío

 

Reconocer la tensión creativa es la mejor manera de encender el motor para el cambio. El proceso creativo lleva cierta tensión emocional que no es propia de la visión sino de la brecha con la realidad. Ignorar esta diferencia suele ser la causa más frecuente de desaliento, porque si no logramos distinguir la tensión emocional de la tensión creativa nos predisponemos a un fuerte impulso de aligerar la carga abandonando la visión.

En cambio, cuando comprendemos la tensión creativa y la dejamos operar sin rebajar nuestra visión, ésta se transforma en fuerza y energía, cambia el modo en que enfocamos incluso el fracaso y permite verlo como un traspié, una prueba de la brecha entre la visión y la realidad actual, una nueva oportunidad para aprender o la muestra contundente de estrategias que no funcionan como esperábamos. Los fracasos también forman parte del camino hacia la visión, pero no testimonian nuestra falta de valía o nuestra importancia.

Un error es un hecho cuyos beneficios plenos aún no se han volcado a su favor.

 

Quienes aprenden a entenderse con la tensión creativa aumentan su capacidad para la perseverancia y la paciencia, aliados indispensables en el camino de construir la realidad deseada. Como reza el proverbio japonés: “cuando uno sabe dónde va, nada puede interponerse entre su visión y su acción”.

 

Concrete su visión

*¿Qué quiere lograr?  *¿Por qué desea lograr eso?  *¿Cuán distante está su visión de su realidad actual? *¿Qué emociones le genera la brecha? *¿Cuánta importancia tiene para usted?  *¿Cómo impactará ese logro en su vida cotidiana? *¿Cómo espera hacerlo? *¿Cuál es el plan? ¿En cuánto tiempo planea lograrlo?  *¿Cuáles son sus habilidades útiles? ¿Cuáles otras necesita aprender? ¿Dónde puede obtenerlas? *¿Cuánto esfuerzo está dispuesto a hacer? ¿Tiene un límite? *¿Qué hará si el plan falla?

 

¡Hasta la próxima!

Prof. Dr. Alberto Cormillot


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