Vivir Mejor Julio 2010 Nota editorial: Felicidad, divino tesoro...

Vivir Mejor Julio 2010 Nota editorial: Felicidad, divino tesoro...

En cierta ocasión se reunieron los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer a su imagen y semejanza. Pero uno de ellos dijo: “Debemos pensar en algo que los diferencie, dado que con cuerpo, fuerza e inteligencia iguales a los nuestros estaríamos creando nuevos dioses...”. Entonces otro sugirió “debemos quitarles algo, pero, ¿qué?”. Despues de mucho pensar, uno dijo: “Vamos a quitarles la felicidad. El problema será dónde esconderla para que no la encuentren jamás”. Propuso el primero: “Escondámosla en la cima del monte más alto del mundo”. “¡No! -repuso otro-; recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán dónde está.”. “Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar”, sugirió otro... “¡No!; les dimos inteligencia, alguna vez alguien va descubrir cómo llegar allí, bajará y la encontrará”.

El último de los dioses, que había permanecido en silencio, dijo: “Creo saber dónde esconderla para que realmente nunca la encuentren: la esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola afuera que nunca la encontrarán”. Desde entonces el ser humano se pasa la vida buscando la felicidad, sin saber que la trae consigo...

¿Qué pensaría usted si le digo que, después del impacto de la noticia, quien se hace rico ganando la lotería no es más feliz que usted? ¿Y si le afirmo que las personas que hacen voluntariados o donan parte de su tiempo a otros sí son más felices? ¿Y si le aseguro que definitivamente usted está entre los más felices si cuenta con un círculo cercano de amigos y familiares?

En los últimos cuatro años se publicaron cerca de 30 mil artículos científicos sobre la felicidad. Algunos de los descubrimientos pueden sorprenderlo. Por ejemplo, indican que es más feliz la persona que:

* ...es altruista (tiende a priorizar el bien de los demás, es sensible a la necesidad ajena) en lugar de hedonista (sólo se preocupa por su propio placer y por satisfacer sus necesidades).

* ...duerme mejor (aunque no se compre un LCD ni un coche nuevos-).

* ...está casada o en pareja.

* ...tiene un entorno cercano de familia y amigos, sin importar cuánto ganan (siempre que sus necesidades básicas estén satisfechas, claro).

* ...puede gastar dinero en los demás y no sólo en sí misma (haciendo un regalo, por ejemplo, o donando una cifra a alguna entidad).

* ...dispone de tiempo para hacer lo que le gusta.

Así, parece que el dinero no hace la felicidad. Como cuenta el relato del comienzo, parece que la felicidad nos acompaña desde siempre... La explicación podría estar en los genes.

Para los científicos existe una especie de nivel permanente y personal de felicidad. Se trata de la sensación de bienestar con la propia vida, sensación que podría ser genética, al menos en un 50 por ciento. Este dato no es menor. El otro 50 por ciento es, precisamente, ese espacio que usted -sin importar si la genética lo ayudó o no- puede aprovechar para el cambio. Es el lugar en donde puede poner en práctica su neuroplasticidad y hacer los ajustes necesarios para el cambio.

¿Cómo? Descubriendo qué le gusta hacer... ¡y haciéndolo! Aprendiendo a jugar y a reir. Disfrutando de una tarde de sol, de un amigo, de un familiar, de una mascota. Compartiendo tiempo con otros. Buscando alguien que necesite su ayuda. Si logra hacerlo, verá que gradualmente aumenta su grado de felicidad. No es una utopía, afirman los investigadores. Los genes, al fin y al cabo, dejan un 50 por ciento de espacio libre para la experimentación. Un regalo de la naturaleza, siempre sabia, para ponernos en acción.

Lo que NO influye en la felicidad

* La educación o tener un cociente intelectual alto.
* La juventud (de hecho, las personas mayores muestran un nivel de satisfacción más consistente con su vida).
* La televisión (quienes miran más de tres horas al día tienden a ser menos felices).
* La fe y la religión (si se trata sólo de cumplir con ritos y mandatos).

 

 

7 pasos pasos hacia una vida más satisfactoria

1. Lleve un diario de agradecimientos. Puede antotar desde lo más simple (sus semillas están germinando) hasta lo más maravilloso (su hijo o su nieto ha dado los primeros pasos). Hágalo una vez a la semana: el domingo a la noche puede ser un buen momento para repasar lo vivido. Manténgalo actualizado. Verá que tenderá a dar gracias por las cosas más pequeñas, los regalos más desapercibidos de la vida, y eso aumentará notablemente su sensación de bienestar.

2. Practique la solidaridad y la gentileza. Desde darle el paso en la caja del supermercado a una mamá apurada hasta invitar una vez a la semana a un vecino mayor y solitario a compartir su comida. Ser gentil con otros, sean amigos o desconocidos, dispara una cascada de efectos positivos: aumenta los sentimientos de generosidad y capacidad, genera un mayor sentido de conexión con otros, duplica los gestos de alegría y las palabras positivas, promueve la sensación de pertenencia. Si además de esto puede donar parte de su tiempo a alguna entidad que lo necesite, los efectos se multiplicarán.

3. Saboree los momentos gratos. Ponga atención a los placeres momentáneos. Concéntrese en la dulzura de una fruta madura o el calor del sol, el aroma del café recién hecho, la calidez de un abrazo... Tome “fotos mentales” de estos momentos de placer y revívalos en tiempos menos felices.

4. Aprenda a perdonar. Deje el enojo y el resentimiento atrás, firme la paz con el pasado. Si necesita cerrar una etapa, hable o escriba a quien sea necesario.

5. Invierta tiempo y energía en sus seres queridos.  Si tiene fuertes relaciones personales, cuídelas. Si no las tiene, encuéntrelas. ¿Cómo? En un club, en una asociación donde ofrezca ayuda, en un gimnasio, en un curso nuevo, en una clase de baile...

6. Cuide su cuerpo. Dormir bien, mantenerse activo, cultivar el buen sentido del humor, alimentarse saludablemente pueden ayudarle a hacer que su vida diaria sea más satisfactoria.

7. Aprenda a manejar sus emociones. No se trata de evitar los momentos difíciles, sino aprender de las crisis y crecer con ellas en lugar de aferrarse a los sentimientos negativos. Cuando se presenten, vívalos, experimente lo que sea necesario, y luego permita que le dejen lugar a la calma.


 

Dr. Alberto Cormillot

 

 

 

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