01.02.2010 - actualizada el 10.03.2010 Alcanzar logros requiere tiempo y dedicación

Como el bambú japonés, tómese tiempo para madurar

El Dr. Cormillot le propone recuperar la paciencia y la perseverancia para sostener el éxito futuro.

No es preciso ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego apropiado. Quien cultiva la tierra no se impacienta y le grita a la semilla “¡crecé, crecé ya!”.

Con la planta de bambú sucede algo muy curioso, que lo transforma en no apto para impacientes: una vez sembrada la semilla, durante los primeros meses no sucede nada apreciable... En realidad, no pasa nada durante los primeros siete años, a tal punto que un inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas, la planta de bambú crece más de 30 metros.

¿Tardó sólo seis semanas crecer? No; se tomó siete años y seis semanas. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después.

En la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente el resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos abandonan tal vez justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. 

Al impaciente le resulta árduo practicar la perseverancia, esperar el momento adecuado. En muchas ocasiones creemos que nada está sucediendo, y esto puede ser extremadamente frustrante. Todos tenemos esos momentos, cuando viene al caso recordar el ciclo del bambú y aceptar que, si no abandonamos, algo estará madurando adentro de nosotros.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice. El triunfo es un proceso que lleva tiempo y dedicación, exige aprender nuevos hábitos y obliga a descartar otros, se alimenta de cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

¡Cómo nos cuestan las esperas y qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado! Pretendemos apurar a nuestros hijos en su crecimiento, al chofer del taxi, hacer las cosas rápido, sin saber bien para qué...

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés...

Le propongo trabajar en este 2010 para recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Si no consigue lo que anhela, no desespere: quizá sólo esté echando raíces... Tiene 365 nuevas oportunidades. ¡Planifique cómo va a aprovecharlas!

Dr. Alberto Cormillot

 

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