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Use estrategias para disfrutar de los alimentos y disminuir las cantidades.
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Las vacaciones son un período apropiado para bajar el ritmo del año, serenarse y así probar nuevas formas de relacionarse con la comida. Si usted siempre come siempre apurado, tal vez ahora pueda tomarse un buen rato para hacerlo. Si suele elegir la comida según la cantidad, ¿por qué no hacer foco ahora en la calidad? Si tiende a come sin saborear, quizás sea el momento de centrarse en el gusto de los alimentos y encontrar en ello un placer diferente...
Caminar, hacer yoga, estar atento a su respiración son prácticas que lo ayudarán a estar disponible para los instantes cruciales respecto de la comida. Haga lo posible por estar relajado y atento a lo que de verdad es importante para usted. Y cuando se disponga a comer, tenga en cuenta estas sugerencias:
Si decide, por ejemplo, comer un postre que le gusta mucho, sírvase usted mismo la porción. Esto será posible en su casa, en casa de familiares y amigos e incluso en los locales de tenedor libre. Siéntese a comer a la mesa.
Coloque en un plato tamaño postre la cantidad que cree que equivale a 4 bocados; deje el resto del postre en la mesa. Coma cada bocado con cuidado, pensando, saboreando, conversando con tranquilidad.
Coloque el tenedor o la cuchara sobre la mesa mientras mastica lentamente. Beba un sorbo de agua entre un bocado y otro; sirve para limpiar su paladar y hacer que cada nuevo bocado resulte más interesante a los sentidos. Haga pausas extralargas entre un bocado y otro. Concéntrese en el sabor que queda en su boca después de tragar y disfrute mentalmente del próximo bocado antes de tomarlo.
Cuando haya terminado los 4 bocados, pregúntese si está satisfecho. Si es así, ya terminó: se dio el gusto con sobriedad y sintió el placer de haberse controlado disfrutando de una de las comidas que más le gustan. Si realmente aún no está satisfecho, tome 2 bocados más del otro plato, repita los pasos y dé por terminado su postre. El resto puede ofrecerlo a otra persona para no tentarse.
Coloque alimentos en el plato de modo que ocupen las ¾ partes de la superficie y quede vacía una ¼ de la misma.
Del mismo modo que en truco anterior, tómese tiempo para saborear, sentir olores y texturas, masticar bien, respirar concientemente. Beba agua y apoye los cubiertos sobre la mesa entre un bocado y otro. La idea es que esa primera porción que se sirvió dure tanto tiempo como sea posible.
Cuando termine esa porción no vaya por una segunda de inmediato: espere y obsérvese el tiempo que sea necesario. Chequee sus sensaciones y asígneles nombres. ¿Apetito, deseo de comer más, apuro, tranquilidad, satisfacción...?
Si sigue sintiendo hambre, sírvase a la inversa de la primera vez: coloque una cantidad de alimentos que cubra la superficie de ¼ del plato, de modo que ¾ partes del mismo queden al descubierto. Vuelva al paso 2.
Puede usar esta herramienta también en un restaurante, aunque la porción ya venga servida. Pídale al mozo un plato extra y allí pase ¼ de la porción de su plato principal de modo que le queden los ¾ restantes. La cantidad de comida reservada puede compartirla con otra persona que quiera probar lo que usted pidió, por ejemplo.
Recuerde que está en vacaciones: no se apure ni deje que lo apuren. Si es necesario hable con su familia en algún momento de tranquilidad acerca de su propósito; pide que lo comprendan y que lo apoyen. Explíqueles claramente que se trata de su salud: así como otras personas necesitan tomar medicamentos a determinada hora, controlarse la presión o colocarse insulina, usted debe aprender nuevos hábitos para relacionarse con la comida, con usted mismo y con el entorno. Puede ser que de todos modos no lo entiendan; aun así, no baje los brazos y lleve adelante su proyecto en su intimidad. Recuerde que quien más debe cuidar de uno mismo es precisamente uno mismo.
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