28.05.2010 - actualizada el 17.06.2010 El no tiene efecto contraproducente
Un buen plan para adelgazar debe contemplar las preferencias de la persona y prever concesiones moderadas.
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Muchas dietas para adelgazar todavía mantienen la vieja práctica de prohibir el consumo de determinados alimentos. Esto no hace más que lograr el efecto contrario: un mayor deseo de comerlos. Hoy los expertos en obesología y nutrición aseguran que conviene prever en el plan de alimentación una suerte de "recreo" para los alimentos preferidos, los llamados "gustitos" o "extras", aunque sean engordantes.
Estas pequeñas concesiones ayudan a evitar la ansiedad por el alimento preferido y son clave para el equilibrio y el bienestar emocional. Es una permisividad que redunda en mayor fidelidad y estabilidad para seguir en el plan.
Las dietas irresponsables, que proponen ayunar, no cenar, cenar sólo fruta, apoyarse en un solo alimento, restringir mucho la ingesta de ciertos alimentos o eliminar el consumo de otros, desembocan tarde o temprano en un descontrol alimentario. Prohibir los alimentos preferidos provoca el anhelo continuo o repetido por comerlos. Además, aumenta la ansiedad de la persona, que encuentra limitaciones y desea con fervor que llegue el día en que pueda dejar el plan.
La Asociación Americana de Dietética detalla ciertas características de las dietas para bajar de peso que ponen en duda su eficacia, seguridad y profesionalidad. Una de las advertencias se refiere a que la dieta considere alimentos permitidos o buenos y no permitidos, malos o prohibidos. Se sabe ya que la prohibición impide que la persona adquiera la sensación de autocontrol. Cuando aparezcan tentaciones, que tarde o temprano son inevitables, será más difícil tener el discernimiento y la motivación necesarios. Así, las prohibiciones resultan una puerta abierta para las conductas compensatorias como el atracón u otros trastornos de la alimentación.
Una actitud profesional adecuada tiene que ver con educar al paciente para que él mismo pueda autocontrolarse y mantener a largo plazo los resultados que va obteniendo. En este caso, se trata de hacerle comprender lo superfluo e innecesario de consumir ciertos alimentos que no lo ayudan para su objetivo, y cuyo beneficio no va más allá del placer momentáneo y pasajero. La clave está en diferenciar entre privación total y moderación en el consumo. El profesional puede brindar alternativas para disminuir azúcar, grasas y calorías en su alimentación, así como recetas light y sugerencias prácticas para hacer más livianos los platos preferidos.
El valor simbólico de los alimentos
¡Nada como los panqueques que hacía la abuela...! Las milanesas de mamá me pierden... Ciertas comidas tienen significados relacionados con lo emocional, se asocian al afecto, el cuidado, el placer, un premio, una ocasión especial. Esa carga es simbólica y se vincula con el estado de ánimo. Su privación, aunque sea temporal, puede alterar el equilibrio y causar dificultad para llevar adelante el plan. El nutricionista o médico que guía el tratamiento debe mostrar que esos alimentos tienen la cabida justa en la dieta. Debe ayudar al paciente a ver el valor emocional que tienen ciertos alimentos para él y acompañarlo para lograr un consumo moderado y puntual, que no lo haga sentir culpable y le calme la ansiedad sin aumentar sustancialmente las calorías y grasas. |
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