19.06.2012 | Cuando se diluyen los modelos a seguir queda espacio para los "dealers"
Reflexiones acerca de la figura del padre en la formación de la personalidad y en el desarrollo de patologías adictivas.
“…Padre mío , Dios mío, ¡por qué me has abandonado?“.
Mateo 27.Palabras de Jesús en el Gólgota
Siempre me ha impactado este pasaje de la vida de Jesús en donde apela al Padre en el momento de la agonía, o sea, de la lucha final por la vida. Este párrafo bíblico ha sido tomado por muchos autores y excede el marco estrictamente teológico cristiano para reflejar el horizonte antropológico en cual nos movemos. El Día del Padre adquiere una significación que supera la cultura del shopping para connotar un fundamento que necesitamos valorizar.
Esta apelación al padre en una crisis agónica es una invocación, un llamado. La Real Academia Española incorpora la invocación como la apelación a un Poder superior, a una Ley, un acogerse a esta Ley. El Padre es Ley, y su ausencia manifiesta en muchas situaciones de la vida es un factor de riesgo en el crecimiento de los chicos.
Esto se ve claramente en las patologías adictivas. Siempre recuerdo que el Prof. Oliweinsten, en sus clases del Centro Marmottan, París, repetía ”el padre siempre está, por ausencia, ignorancia, inmadurez, perversión, etc…, pero siempre está, y el síntoma adictivo es un llamado a esta figura simbólica desaparecida”.
El Prof. Milmaniene nos enseña que el Padre funciona como un “emblema orientador, ético, y viga maestra de un desarrollo infantil”. Cuando esto cae aparecen nuevos Patriarcas con la aparición de Líderes mesiánicos que, como “barras bravas“, hacen de la Muerte un Amo Terrible y de la Vida un capricho al arbitrio de un momento de exaltación y paranoia. El Padre, mientras tanto, representa por lo contrario la Ley de la Vida.
Esta caída del orden parental es explotada por los narcos que asimilan y adoctrinan para sí a los que, fruto de la disociación familiar, son aptos para la doma. En los barrios marginales y también en los sectores opulentos con padres nunca conocidos, ausentes, permisivos en otros casos, adictos ellos tambien consumiendo con sus hijos, adolescentes en sus conductas como “padres piolas” que incluso van a los boliches con sus hijos.
Así se forja una masa de consumidores juveniles vacíos de sentido, palabras orientadoras. El “dealer” o puntero barrial de la droga se transforma paradójicamente en el Ejemplo a seguir. No debemos olvidar que una vía de crecimiento es la asimilación y la orientación de modelos. Fallan en muchos casos también tíos o abuelos en estas familias fragmentadas y casi desaparecidas. No hay figuras supletorias y la escuela (otro bastión de modelos) luce desprestigiada y casi sin relieve simbólico.
A mayor cantidad de consumidores sube el trafico y la cantidad de “dealers”. Crece la “escuela del delito” y conjuntamente el aumento exponencial de la cantidad de enfermos psiquiátricos y de todo tipo. Esta es la cara del Amo de la Muerte hoy.
Esta era la consigna del Mayo Francés del 68. La caída del Padre como representante de una Ley que permite crecer es visible en muchas familias. Parecería que hay un abismo entre procreación y paternidad. Sobre esto el filósofo francés G. Marcel nos dice que "se ha roto el lazo nupcial entre el Hombre y la Vida, y es en la Familia donde vemos ese pacto en acción y encarnándose”.
La caída del Padre que permite el paso hacia la Vida no debe ser considerado como un gesto épico y triunfal ya que han aparecido en la peor de las ausencias epidémicamente Patriarcas que reinan en barrios y ciudades y dominando territorios.
El Padre añorado es el que transmite, permite pasajes y crecimientos. La oferta de Padre hace al hijo así como de ese vínculo el Hijo hace al padre. Se van modificando mutuamente. Hay una donación que desde el Padre es sacrificio de horas, tiempo, pero fundamentalmente la posibilidad de renunciar al Ego y de acceder a un crecimiento de éste. El hijo marca el paso de la cultura del “ombligo” a una cultura del Otro. Decretamos nuestra propia disolución (de los aspectos más megalómanos de nuestro Yo) para que el hijo nazca, crezca y se desarrolle.
Marcel sobre esto nos dice "la paternidad es un gasto de sí", don que exige compromiso. La saga de la mitología nos enseña mucho sobre esta dramática de la vida: Dios Chronos mataba a sus hijos; temía a sus sucesores masculinos. Un Patriarca narcisista no deja crecer.
En este Día del Padre me pareció útil reflexionar sobre el papel del Padre más allá de la fecha comercial. En realidad, más que comercial, la oferta es afectiva, simbólica y profundamente ética. La relación se da cuando hay Oferta de Padre y esto hace que exista el hijo, y éste a su vez nos modifica como personas y nos hace Ser. El Padre y el Hijo tienen que ver con nuestros fundamentos como personas.
Por el Dr. Juan Alberto Yaría,
Director del Instituto de Estudios Superiores Gradiva
en Adicciones y Patologías del Desvalimiento Social.
Ver El amor de papá, esencial para una infancia feliz.
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