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06.07.2010   | Los puntos de vista básicos desde los que nos manejamos...

¿Padre, niño o adulto?

Encontrar un equilibrio entre los tres estados permite llevar una vida emocional más saludable.

Temas: Autoayuda
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Eric Berne (1910-1970) fue un reconocido psicólogo que inició la teoría y técnica del análisis transaccional. El describió tres tipos de conducta ligados a otros tantos modos de pensamiento y sentimientos: el estado “padre”, el estado “adulto” y el estado “niño”. Sería como si en el interior de cada persona hubiera un padre, un adulto y un niño que se manifiestan permanentemente a través de las conductas.

El estado “padre”. Representa el concepto que nuestros padres, cuidadores y otras figuras de autoridad nos han enseñado sobre la vida. Cuando actuamos desde esta posición, nuestro punto de vista y nuestro pensamiento repiten los del padre. Este estado suele manifestarse cuando opinamos, aconsejamos, protegemos y actuamos según la tradición, u operamos con poder y seguridad.

El estado “adulto”. Se manifiesta cuando formulamos juicios, analizamos la información, reflexionamos, tomamos decisiones, calculamos las posibilidades y actuamos con sentido común y según el criterio de la oportunidad.

El estado “niño”. Comprende lo que sentíamos e interpretábamos cuando éramos niños y adolescentes, e incluye la forma de actuar típica de esa edad. Se muestra en la expresión y vivencia intensa de las emociones, la intuición, la creatividad, la impulsividad y la curiosidad. Experienciamos sentimientos de indefensión, alegría, miedo, capacidad de goce y desarrollo de la fantasía.

Para Berne, estas formas de ser y estar permanecen dentro de cada uno de nosotros a lo largo de toda la vida y constituyen dimensiones necesarias para que podamos desarrollarnos con plenitud. Es necesario encontrar un equilibrio entre los tres estados.

¿Qué sucedería si todo nuestro accionar estuviera guiado por una tendencia a la actuación desde el “estado padre”? Seguramente viviríamos atrapados por lo que otros adultos significativos nos han enseñado acerca de qué es bueno o malo; repitiendo historias ajenas o errores de otros.

En cambio, si cada día repitiéramos lo que nos dicta nuestro “estado adulto”, los protagonistas casi exclusivos de nuestra vida serían las responsabilidades, las preocupaciones, los horarios, el trabajo, el poco tiempo y la rutina.

Una persona adulta aferrada al “estado niño” será caprichosa, demandante, con dificultades para reflexionar o aceptar otros puntos de vista…

Respondiendo a una idea social de que a determinada edad “hay que sentar cabeza”, muchas personas dejan a un lado el “estado niño”. Precisamente aquel aspecto que encierra nuestro espíritu más genuino y original, el menos condicionado, el más creativo y alegre.

Erróneamente se considera que respetar las costumbres, acatar la autoridad o ejercerla, aconsejar, proteger, reflexionar, tomar decisiones, planificar, ser siempre sensato o adulto es precisamente lo opuesto a ser insensato o niño. Así, las obligaciones imponen una agenda rígida en la que no hay espacio para hacer “chiquilinadas”. ¿El resultado? Muchas veces una rutina agobiante y aburrida, repetitiva y sin color, absurda y vacía de intereses y hobbies que harían la vida mucho más interesante y saludable.

Una vida emocional equilibrada requiere la reivindicación de nuestro niño interior. Reconquistarlo, darle un lugar y enfrentarse al propio temor al ridículo.

Anímese… Descubrirá que muchas características del niño que lleva adentro son vitales para su estado padre y adulto, y pueden ayudarlo a encontrar miradas nuevas, estrategias y soluciones originales.

 

Cómo recuperar a ese niño que llevamos dentro...

* Viva las emociones. Las cuatro emociones básicas son miedo, rabia, tristeza y alegría. Permítase sentir y aceptar el miedo, sentir la rabia, asumir la tristeza y la alegría. ¿El límite? El respeto a quienes lo rodean.
* Desarrolle la intuición. Ese sexto sentido puede ser útil para captar matices, interpretar situaciones y diseñar alternativas poco convencionales que quizá sean sumamente efectivas.
* Suelte su creatividad. Apártese de los cánones preestablecidos. Dibuje, pinte, modele, cante, teja, toque un instrumento, cultive plantas, coleccione, escriba...
* Sea curioso. Descubra nuevas geografías, personas o libros. Acceda a conocimientos, opiniones y culturas diferentes.
* Disfrute de su cuerpo. Tenga sexo, haga deporte, disfrute del aire libre, baile.
* Juegue porque sí, por placer. No por competir, ni por ganar. Los juegos canalizan vivencias insuficientemente expresadas. Déle oportunidades a la risa.
* Pida ayuda. Aprenda a pedir, a buscar ayuda a dejarse proteger y mimar. No por ello se menoscaba nuestra dignidad o supuesta fortaleza. Cuantas más oportunidades demos a los demás para que nos ayuden, más importantes seremos para ellos y más acogidos y seguros nos vamos a sentir.
* Dígale sí a la fantasía. Aproveche y fomente las oportunidades para desarrollar la fantasía, la aventura y la capacidad de gozar.

 

Prof. Dr. Alberto Cormillot

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