04.01.2010 | Un desafío para cada día
Trabaje en pos de objetivos valiosos y significativos que alimenten su pasión y den sentido a sus esfuerzos.
¿Cuántas veces escuchó o repitió la frase "persevera y triunfarás"? Como si se tratara de un mantra, muchas personas insisten -quizá sin darse cuenta- en esforzarse en forma desmedida para alcanzar sus objetivos. A veces descuidan su tiempo de ocio, descanso o pierden momentos con familia y amigos en pos de obtener logros que no llegan, aumentando la frustración.
Esto se debe a que guían su acción en base a una creencia irracional: trabajar duro y ser perseverante es garantía de éxito personal y reconocimiento. ¿Quién dijo que es así? ¿Cuántas personas conoce que, a pesar de ser perseverantes a diario, de esforzarse sin pausa, no logran lo que pretenden? ¿Es su caso?
“Matarse trabajando” no es sinónimo de un mejor desempeño ni asegura la obtención de logros, así como “vivir haciendo una dieta sacrificada” no asegura un peso corporal sano.
Una respuesta posible es que existe una clara diferencia entre “ser obstinado” y ser “perseverante”. Mientras que el “ser obstinado” implica la persecución lineal de los objetivos siguiendo siempre la misma ruta sin desviarse del camino (como el burro a la zanahoria), manteniendo la cabeza baja y haciendo el mismo trabajo una y otra vez, el “ser perseverante” implica:
* Trabajar en la búsqueda de objetivos valiosos y significativos que alimenten la pasión y el esfuerzo continuo. No “matarse” como un fin en sí mismo.
* No esperar “el momento oportuno” para animarse a nuevos desafíos sino promover que las cosas pasen (en vez de esperar pasivamente que sucedan).
* Dar pequeños pasos, uno a la vez, hasta alcanzar el fin deseado y disfrutar incluso de los pequeños logros (¡todo suma!).
* No abandonar los objetivos a pesar de las circunstancias de la vida o de los obstáculos que se presenten sino, por el contrario, poner en práctica otro camino que conduzca a la meta deseada.
* No caer en el cuento de hadas de que todo llega fácil y rápido a cambio del esfuerzo. Tener, en cambio, una visión más realista de la vida. Por lo general, las cosas que valen la pena cuestan y para ser exitoso a veces es preciso caer y levantarse, probar un plan “B” y aprender de los errores.
* No focalizar la atención en un solo camino posible, sino mantener una perspectiva amplia para aprovechar las oportunidades. En otras palabras: abrir la mirada, buscar, aventurarse, aceptar el ensayo y error, encarar nuevos desafíos para concretar los objetivos propuestos.
* Arriesgarse aun cuando no se esté habituado a desarrollar una determinada acción. Toda nueva experiencia u oportunidad puede resultar valiosa para acercarse más a lo que desea.
* Por último, saber diferenciar entre el trabajar sólo en función de la perseverancia y el trabajar con valentía dispuesto a enfrentar los desafíos.
¿Puede ver la diferencia? ¿Cuál será el resultado de quien persigue la zanahoria con los ojos semitapados pensando que es la mejor forma de alcanzarla y no ve, por esa persecución irracional, que existe otra posibilidad más exitosa?
El desafío puede ser reflexionar en qué ámbitos de su vida es obstinado, en cuáles es perseverante y valiente (todos somos valientes en algo, aunque sea de a ratos) y trabajar decididamente por reemplazar la obstinación.
“Persevera valientemente y triunfarás” puede ser su nuevo mantra. Uno que le permita ver todas las posibilidades, los tonos de grises, la flexibilidad y la oportunidad de mejorar su vida, a cada momento.
Prof. Dr. Alberto Cormillot
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