
En los últimos años la obesidad creció en forma sostenida: llegó a triplicarse en algunos países. Se calcula que unos 155 millones de niños en edad escolar (¡1 de cada 10!) en todo el mundo tienen sobrepeso, mientras que entre 30 y 45 millones padecen franca obesidad.
En la Argentina se consideraba hasta no hace mucho que la obesidad era un “mal de la riqueza”, sólo propia de sectores con alta capacidad económica, en tanto que la desnutrición y la delgadez extrema se asociaban con los grupos sociales más pobres. Sin embargo, cada vez son más los casos de niños pobres que sufren obesidad, muchas veces combinada con la desnutrición, debido a su mala alimentación.
Datos que impactan |
Una encuesta reciente del Centro de Estudios de Nutrición Infantil (CESNI), observa que: - 1 de cada 3 niños no desayuna, y el 25% de los que sí lo hacen no toma leche.
- el 53% come más de lo que necesita pero con baja ingesta de calcio y vitamina C.
- el 33% de los niños de entre 9 y 13 años consume 3.000 cal/diarias: dos veces lo necesario.
- la mitad de los niños consumen frecuentemente panchos y hamburguesas, y un alto porcentaje elige bebidas azucaradas como gaseosas y jugos.
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El problema -y el mayor desafío- es que la obesidad no se debe a una causa única, sino que resulta de una combinación entre:
un componente genético predisponente, y
un medioambiente tóxico, favorecido por políticas de gobierno que influyen en las elecciones de alimentación y las oportunidades de moverse.
Los niños nacen en un mundo donde la mala alimentación y el sedentarismo son la norma general. A pesar de ello, está demostrado que las intervenciones en nutrición y el aumento de la actividad física pueden influir positivamente en la salud y bienestar de niños y adolescentes.
Lograr un cambio requiere del trabajo conjunto entre: - los profesionales de la salud, que pueden informar y sugerir sobre los mejores hábitos en alimentación.
- los padres, responsables de inculcar hábitos y sostenerlos en la familia.
- las escuelas, que pueden adoptar y transmitir una línea al respecto, tanto desde la docencia como desde la calidad de la alimentos que ofrecen en kioscos y comedores.
- la sociedad, con la promoción de un medio ambiente sano para niños y adolescentes.
Contribuir a detener y prevenir esta epidemia es indispensable para asegurar a los niños su derecho a una vida sana y a un futuro mejor.
Si su hijo tiene sobrepeso u obesidad |
- No espere que "el estirón” resuelva el problema. Un 80% de los niños que se mantienen gordos continuarán siéndolo en la adultez.
- Consulte a su pediatra o a un nutricionista infantil para determinar el exceso de peso de acuerdo a la edad y talla corporal.
- Pida que le preparen un plan de alimentación apropiado.
- Busque diversas formas de explicarle al niño las ventajas alimentarse saludablemente y de mantenerse activo. Ciertos modos de hablar, palabras o personas son más indicados que otros.
- Enséñele qué comprar en el quiosco o prepárele viandas con frutas, cereales y jugos o gaseosa light para que coma en los recreos.
- Durante su tiempo libre ayúdelo a aumentar el movimiento compartiendo en actividades como andar en bicicleta, hacer caminatas o jugar al fútbol.
- Promueva la comida en familia, hábito que favorece un mayor consumo de frutas y verduras y menores probabilidades de comer alimentos ricos en grasas y azúcares, golosinas, snacks y bebidas azucaradas.
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