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24.05.2012 | La cultura del control remoto

¿Queremos vivir en ciudades sanas o engordantes?

Hoy habitamos un medioambiente obesogénico, apoyado en el sedentarismo, las políticas de la industria alimentaria, el marketing y la inequidad social. El doctor Alberto Cormillot reflexiona sobre los modos de contrarrestar y revertir estas tendencias.

Hagamos un poco de historia. En el invierno de 1847 se desató una epidemia de tifus en Silesia Superior, una provincia de Prusia económicamente deprimida. El médico alemán Rudolf Virchow, patólogo y estadista, investigó las condiciones de vida de las familias afectadas. Su novedosa metodología y sus hallazgos de dieron origen  al llamado movimiento de la medicina social.

Virchow demostró en aquel momento que las causas subyacentes de la epidemia eran más sociales, económicas y políticas que médicas. Las deficientes condiciones de vida, en especial, de vivienda y nutrición, generaba la vulnerabilidad a las enfermedades. Quedó claro que para la prevención y erradicación de epidemias el cambio social era tan importante como la intervención médica.

Luego sobrevinieron cambios económicos formidables. Tras la aparición de la televisión, el último medio siglo pasado nos ofreció desde la escalera mecánica y el lavarropas hasta la playstation, pasando por los alimentos enlatados, las cortadoras de césped eléctricas, la costumbre de comer afuera, Mc Donald´s y la computadora. Esto aumentó el confort y también influyó en el gasto energético de la humanidad, que comenzó a ser mucho menor. El aumento de peso fue una consecuencia "natural".

Medio siglo de cambio económico

1940 escalera mecánica
1940 lavarropas
1946 horno a microondas
1947 transporte refrigerado para alimentos
1950 cortadoras de césped eléctricas y a gas
1950 comercialización de enlatados
1954 primer Mc Donald’s
1967 calculadora manual
1976 comidas congeladas para microondas
1979 teléfonos celulares
1984 computadora Apple
1986 comidas preparadas y comer afuera
1997 playstation

Mecanización doméstica
=
menor gasto de energía

Actividad

Gasto energético cal/min
Lavar ropa a mano
Lavar en lavarropas
2,07
1,32
Lavar platos a mano
Lavar en lavaplatos
1,87
1,31
Ir a trabajar a pie
Ir a trabajar en auto
3,62
1,09
Subir escaleras
Subir en ascensor
4,20
1.30

Sabemos hoy que la obesidad está determinada por una predisposición genética (¡sólo tendencia, no algo inevitable!), sumada a un ambiente obesogénico que incluye una enorme oferta de alimentos con azúcar y grasas y facilidades para el sedentarismo. Se suman también otros factores como estrés, dormir poco y hasta el clima. Es un entorno que favorece el desarrollo de síndrome metabólico, algo que se hace tan notorio en la mítica Vilcabamba ecuatoriana, antes considerada el "centro mundial de la longevidad".

En un entorno que no favorece el gasto calórico, la elección saludable es buscar formas alternativas de no incorporar y de quemar calorías.

La causa de la causa

Vivimos en la cultura del control remoto, que promueve el sedentarismo y  nos allana el camino hacia el supermercado, donde los carros son cada vez más grandes. Una cultura donde la incidencia de obesidad es directamente proporcional al uso del televisor.

La industria alimentaria sirve en nuestra mesa gaseosas, hamburguesas, papas fritas y pochoclos, cada vez en tamaños mayores. El marketing aporta lo suyo cuando impone una imagen en la cual esos alimentos, junto al chocolate, las golosinas, los helados y las bebidas alcohólicas llegan a parecen los más importantes, ricos y necesarios.

Por último, la relación directa que existe entre ingresos y nivel educacional bajos y obesidad evidencia una inequidad perversa. El acceso limitado a la comida saludable, de baja densidad calórica, es uno de los componentes esenciales del ambiente obesogénico.  También el precio relativamente alto de frutas y verduras ha sido tambien identificado por los consumidores como la mayor barrera para hacer una alimentación saludable. ¿Qué estamos enseñando a nuestros hijos y nietos?

Hoy la comida está diseñada para alcanzar una relevancia notable en nuetras mentes. Ante una dieta sin límites, tendemos a comer en exceso.

Complicaciones al por mayor

La obesidad no sólo significa antiestéticos kilos de más, lo cual en todo caso sería una cuestión cultural. Es una enfermedad con más de 300 complicaciones de salud entre las que se cuentan diabetescolesterol, hipertensión, problemas cardio y cerebrovasculares, síndrome metabólico, ovario poliquístico, hígado graso, dislipidemia, alteraciones respiratorias, músculo-esqueléticas, neurodegenerativas, psicosociales y ciertos tipos de cáncer, entre otras. 

Visto de otro modo, un estudio muestra que las personas que gozan de buena salud no fuman (76%), tienen un peso saludable (40%), comen más de cinco porciones de vegetales al día (23%), hacen media hora diaria de actividad física cinco días por semana (22%).

Enfermedades de la alimentación

Enfermedad % de población afectada en Argentina
Diabetes 8
Colesterol 25
Hipertensión 22-30
Síndrome metabólico
22
Poliquistosis ovárica 10-15
Anemia
17
Osteoporosis
3-5
Desnutrición oculta 3-73
Obesidad
53
Desórdenes alimentarios 2-10

Proyección de los índices de obesidad en Argentina

2006 45%
2010 53%
2020
65%
2030 75%
2040 85%
2050 95%

¡Baje ya!

Por otro lado, estamos llenos de presiones sociales que imponen tener un peso bajo o extrabajo. Las personas obesas y las no tanto reciben constantes estímulos de publicaciones, televisión, productos, sistemas, dietas, amigos o profesionales que les dicen qué deben hacer para su problema. Abundan los pseudotratamientos que sólo los llevarán a la frustración una vez más, cuando no a consecuencias más serias para la salud.

Así, sumados a los trastornos asociados a la obesidad tenemos ahora los desórdenes de la alimentación como bulimia y anorexia. Con ejemplos de mujeres al borde de la muerte que se pasean por las pasarelas internacionales como perchas de los diseñadores top.

Qué puede hacer el Estado

Hay epidemias infecciosas producidas por gérmenes que se previenen o tratan con higiene, vacunas o antibióticos. Las epidemias sociales, en cambio, son producidas por la sociedad y se deben tratar socialmente a través de educación, comunicación y legislación apropiadas.

Los enfoques internacionales de políticas públicas para combatir la obesidad y otras enfermedades de la alimentación hoy se centran en presionar a las compañías de alimentos para que reformulen sus productos en cuanto a su contenido de azúcar, grasas, sal y etiquetados.

Se ha visto, por ejemplo, que la práctica de incorporar información nutricional en la carta de los restaurantes influye en los pedidos. Un estudio mostró que el 82% de las personas modificó su pedido después de ver la información  y un 71% pidió comida menos calórica.

Otros estudios dejan en claro que subsidios de frutas y verduras en supermercados suelen aumentar el consumo. Las bebidas azucaradas, que no aportan más que calorías, son un objetivo claro en la lucha contra la obesidad, especialmente la infantil. Son fácilmente identificables y se les podría aplicar más impuestos.

La táctica "pensar global, actuar local" debe servirnos para tomar experiencias de otros lugares del mundo y ver qué hacer en nuestro  lugar. En Estados Unidos, por ejemplo, Pepsi retirará en 2012 las gaseosas de todos los colegios gracias a las presiones conjuntas de varios sectores sociales.

La legislación y regulación destinada a cambiar el medioambiente en lo relacionado con alimentación y actividad física puede promover conductas saludables. La comunidad científica, junto con las instituciones adines, deben asegurar que los datos científicos se traduzcan en cambios tangibles en las políticas públicas que ayuden a los consumidores a mejorar sus dietas y reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con ellas.

Pero hay que tener en cuenta que cada pieza de legislación, regulación  o intervención crea ganadores y perdedores. Para que no fracasen las buenas intenciones en materia de salud es necesario conocer las fuerzas de los oponentes, las consecuencias en áreas ajenas a la salud y las posibilidades de financiación, entre otros aspectos.

Podemos elegir dos maneras de ver el problema. La pandemia de obesidad puede ser considerada un síntoma de la incapacidad de las personas para autoequilibrar la ingesta alimentaria en la nueva era de la abundancia. O, de acuerdo con el legado de Rudolf Virchow, considerar que la epidemia de obesidad no es tanto un fracaso de los sistemas biológicos sino un fenómeno social y económico.

Para alcanzar el objetivo de contar con ciudades sanas no son suficientes los tratamientos. Hay que hacer todo lo humanamente posible para cambiar el estilo de vida y modificar el medioambiente tóxico.

Bibliografía utilizada disponible aquí.

 

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Últimos Comentarios


ariana escribio el 27.05.2012 a las 14:07

Hola me dicen cuantas calorias tienen 6 sorrentinos caseros de pollo?GRACIAS


Cynthia Carignani escribio el 29.05.2012 a las 11:09

aproximadamente 500 calorias


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