La encuesta Signos de Desnutrición Encubierta, realizada por CEOP para el Instituto Argentino de Alimentos y Nutrición (IAAN), sondeó 801 hogares de Capital y Gran Buenos Aires y determinó que el 53 por ciento de los niños de entre 3 y 12 años presentan al menos un síntoma relacionado con la desnutrición encubierta.
De acuerdo con la definición brindada por la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO, según sus siglas en inglés), la desnutrición encubierta es aquella que se origina en dietas que aportan cantidades insuficientes de vitaminas y minerales como hierro, vitamina A, C, yodo, zinc, ácido fólico y selenio. Es una patología que no distingue estratos sociales.
Los cálculos de los principales organismos indican que en el mundo la padecen alrededor de dos mil millones de personas. Los principales signos de esta condición son retraso del desarrollo psicomotor, retraso madurativo y del crecimiento y aumento de la posibilidad de contraer infecciones.
Sin embargo, algunos de los indicadores más visibles son decaimiento, bajo rendimiento escolar y descenso en el nivel de concentración, entre otros. En la Argentina, la encuesta realizada por el CEOP determinó que el 53,3 por ciento de los niños presentaba alguno de estos síntomas. No obstante, la mayoría de los padres no relacionó esta situación con problemas nutricionales y, por tanto, no se efectuó la consulta pertinente con el especialista. Este es un punto destacado de la cuestión, dado que será el profesional quien deberá orientar a los padres para que procuren incorporar vegetales, frutas e incluso alimentos fortificados a la dieta de sus hijos.
“Esto nos preocupa: sabemos que nuestros chicos comen mal. Datos oficiales dicen que 1 de cada 4 chiquitos en edad escolar y 1 de cada 3 menores de 2 años tienen déficit de hierro o anemia, además de carencia de otros micronutrientes como vitamina C, A, zinc y ácido fólico”, manifestó el doctor Alberto Cormillot, fundador del IAAN y director de la Licenciatura en Nutrición de la Fundación Isalud.
El sondeo realizado en nuestro país arrojó porcentajes certeros acerca de la sintomatología más frecuente. Del 53,3 por ciento de los niños que presentaron esta condición, el 49 por ciento lo manifestó a través del descenso del rendimiento escolar. Por su parte, el 46,5 por ciento miraba televisión o jugaba con la computadora más de lo habitual. Desde la “otra vereda”, el 30,3 por ciento jugaba menos y el 22,7 por ciento registraba un mal estado general de ánimo o de salud.
¿Qué está faltando?
Desmitificando la imagen habitual del niño desnutrido que suele estereotiparse como un chico extremadamente flaco, es importante aclarar que la desnutrición encubierta puede encontrarse en todas las clases sociales y no tiene que ver exclusivamente con el bajo peso. Por el contrario, es posible encontrar niños que presenten esta condición y que a la vez estén por encima de su peso ideal.
“Nuestros chicos tienen que comer más frutas, verduras, lácteos y legumbres. También deben ingerir menos carne, lácteos duros, fritos, manteca, gaseosas, jugos y golosinas. Para esto, el primer paso es que los padres tomen cartas en el asunto”, dijo Cormillot .
En cuanto a la posibilidad de encontrar niños con déficit nutricional por encima de su peso, el especialista postuló que “hay muchos gordos petisos: gordos porque comen muchas harinas y grasas, y petisos porque no ingieren hierro, zinc ni proteínas”.
Principales nutrientes que deben ser incorporados
Entre los alimentos que deben formar parte de la dieta de los más chicos, el hierro cumple un papel fundamental. Presente tanto en las carnes rojas como en el pollo, el pescado, las verduras y la leche materna, el hierro disminuye la posibilidad de padecer anemia, una condición que entre los 6 y los 24 meses de edad produce trastornos irreversibles, debido a que se trata de una etapa en la que el cerebro crece muy rápido y se desarrollan las principales habilidades cognitivas y motoras.
El zinc, que se encuentra en la carne de vaca, las aves de corral, los mariscos, el queso, el pescado y los alimentos fortificados, colabora en la formación de defensas que pueden prevenir la aparición de condiciones como la neumonía, la diarrea, la anorexia y la dermatitis.
Por último, también es importante la incorporación de alimentos que contengan vitamina C, entre ellos las frutas y vegetales ácidos y frescos, así como también aquellos que provean yodo, mineral que se encuentra principalmente en los pescados de mar, los mariscos y determinadas frutas y verduras.
¿Cómo repercute la falta de nutrientes en el desarrollo del niño?
En primera instancia, suelen aparecer síntomas entre los que se destacan el aislamiento, el decaimiento, el bajo rendimiento escolar y el desgano. Sin embargo, estos signos no suelen relacionarse con problemas nutricionales. Por esa razón, a menudo los padres no advierten la presencia del problema y comienzan a aparecer consecuencias como el trastorno de crecimiento, desarrollo y cognición y las alteraciones del sistema inmunológico, entre otras. En este sentido, el doctor Cormillot comentó: “Muy pocas madres hacen algo al respecto. Creen que sus hijos están comiendo bien y atribuyen estos cambios a otras causas”.
El papel de los padres
Frente a la problemática de la nutrición, es importante que los padres desarrollen un rol activo acompañando a sus hijos e indicándoles el camino para que puedan optar por una alimentación más saludable en la cual las golosinas no sean protagonistas.
Sin embargo, más allá de esta necesidad concreta, la encuesta realizada por el CEOP arrojó datos poco alentadores pues el 98,6 por ciento de las madres no consideró a la alimentación como causa del ánimo decaído de sus hijos. Así, el 85 por ciento de ellas no consultó a un médico por el bajo rendimiento escolar de sus hijos, mientras que 4 de cada 10 manifestaron “no haber hecho nada”.
Signos que ayudan a detectar la desnutrición encubierta
Si usted observa en sus hijos uno o más de los siguientes síntomas, debería evaluar la consulta pediátrica:
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Decaimiento
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Menor rendimiento escolar
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Mayor grado de dispersión o distracción
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Poca voluntad de jugar
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Infecciones y otras enfermedades frecuentemente