¿Qué es discernir? Es usar el pensamiento crítico, gozar de aquella facultad de distinguir una cosa de otra. En la vida cotidiana, distingue la sabiduría de la ignorancia. Permite diferenciar lo que consideramos bien o mal, justo o injusto, útil o inútil, falso o verdadero, egoísta o altruista.
Cada una de estas opciones implica elecciones, ya que las decisiones derivan de nuestros pensamientos transformados en acción. Por ejemplo, si creemos que la felicidad viene de la mano del dinero y del poder, difícilmente veamos en la vida otras cosas para disfrutar. Si pensamos que comer es la única razón para estar vivos daremos rienda suelta a nuestro deseos más básicos y caprichosos.
Por eso, al pensar en discernir es importante separar lo que somos en esencia cada uno de los seres humanos:
Somos un cuerpo físico. Para hacer, sentir. Sin él, la vida no es posible. Por eso es preciso atenderlo, tratarlo bien, alimentarlo sanamente, darle descanso. Cuidarse es discernir y elegir la opción más conveniente.
Somos, también, un conjunto de deseos. Tenerlos es positivo porque nos motiva para buscar metas. Pero tratar de conseguir todo lo que se nos ocurra puede derivar en la avaricia, la gula, la ira, la intolerancia, la envidia.
Tenemos una mente. Pensar que estamos por encima o debajo de los demás son dos de los polos opuestos más comunes: el orgullo y la autoestima baja. Ambos impiden el crecimiento.
La cuestión es alcanzar un equilibrio entre lo que somos y lo que nos gustaría, y actuar en consecuencia. Aceptar nuestras limitaciones y desarrollar al máximo nuestras capacidades.
Nuestra mente está a nuestro servicio. Solemos colocarla sólo al servicio de nuestro cuerpo, o sólo al servicio de nuestros deseos, o considerar que la mente domina nuestro ser, y así olvidar nuestro cuerpo y dejar de lado nuestros deseos. En cualquier caso, estaríamos dejando de discernir y dejando que el árbol tape el bosque.
Al usar nuestra capacidad de discernir sobreviene la reflexión antes de la palabra y de la acción. Y esto nos permite evaluar si lo que hacemos es bueno, verdadero, justo, útil para nosotros y quienes nos rodean.
Quizás la base más sólida para un buen discernimiento esté apoyada en dos pilares, inspirados en algunos pensamientos de Krishnamurti:
No causar daño a ningún ser viviente.
Estar alerta por si se presenta la oportunidad de ayudar a alguien que lo necesite.
Más allá de las creencias de cada uno, coincidamos en que la voluntad dirige la sabiduría, y el amor inspira la voluntad. Tres cualidades indispensables para enfrentar la vida diaria con paz y aceptación, confiando en que siempre intentaremos hacer lo mejor para construir nuestro bienestar y el de aquellos que nos rodean.
"Reglas" para discernir mejor
- Dominar la mente. Controlar el temperamento, sosegarse, tener el valor de enfrentar pruebas, firmeza para detenerse, serenidad para considerar los acontecimientos. Para esto hay que diferenciar lo importante de lo accesorio.
- Dominar la acción. Aquí no hay "medias tintas". Es preciso cumplir con el propio deber, con nuestros deberes evidentes y razonables sin dejarnos invadir por los imaginarios o los que otros traten de imponernos. Prestar atención a lo que se hace es la mejor forma de hacerlo mejor.
- Ser tolerante. Incluso con quienes viven y piensan diferente. Librarse del fanatismo y la superstición, alcanzar el respeto.
- Tener una aspiración. Plantearse objetivos e ir hacia ellos a pesar de las dificultades. Hay que poner atención y esfuerzo para alcanzarlos. Y hay que discernir para elegir las aspiraciones y los caminos más convenientes.
Dr. Alberto Cormillot