Hasta hace poco tiempo, los tratamientos para adelgazar se centraban exclusivamente en modificar el estilo de vida, a través de cambios en la alimentación y el ejercicio físico. Durante los últimos años, sin embargo, a medida que avanzaba el estudio de la obesidad, se fueron descubriendo distintos mecanismos biológicos que contribuían al desarrollo de esta enfermedad, que dieron lugar a la aparición de nuevas drogas para su tratamiento.
En la actualidad, hay dos tipos de medicamentos seguros para la obesidad: los que reducen el apetito y aumentan la saciedad (supresores del apetito), y los que reducen la absorción de grasa sin alterar la ingesta.
Los supresores del apetito (sibutramina, rimonabant) actúan sobre el sistema nervioso central: aumentan la liberación de ciertos químicos cerebrales que disminuyen el apetito, y así disminuyen el consumo de alimentos. Los que reducen la absorción de grasa (orlistat) actúan a nivel gastrointestinal: bloquean una enzima llamada lipasa, que es la responsable de la descomposición de la grasa de los alimentos.
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Hay que distinguir entre estos medicamentos, que cuentan con respaldo científico, y las pastillas para adelgazar que prometen soluciones inmediatas pero son ineficaces en el largo plazo y pueden afectar seriamente la salud.
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Los beneficios de la medicación
Los medicamentos usados en el tratamiento de la obesidad no curan la obesidad. En general ayudan a lograr a una pérdida de peso promedio de entre 2 y 10 kilos. La pérdida máxima de peso se alcanza dentro de los primeros 6 meses de uso y luego tiende a estabilizarse.
Aunque la pérdida de peso puede ser moderada en comparación con las opciones quirúrgicas, el uso de medicamentos junto con dieta y actividad física supervisada por médicos produce mejores resultados que los que se obtendrían con la dieta y el ejercicio solos.
| La experiencia científica demuestra que los tratamientos que se concentran sólo en el uso de medicación, sin preocuparse por la modificación de hábitos, con el tiempo resultan ineficaces. |
A corto plazo, la reducción de peso tiene beneficios para la salud y el bienestar, y disminuye varios factores de riesgo asociados a la obesidad. Además, de acuerdo con algunos estudios, el tratamiento farmacológico de la obesidad puede mejorar los niveles de presión arterial, colesterol, triglicéridos (grasas en sangre) y resistencia a la insulina (la capacidad que el cuerpo tiene de usar el azúcar en sangre), en comparación con la dieta y el ejercicio solos o combinados. Nuevas investigaciones sugieren que las medicaciones podrían también ayudar a mantener los kilos bajados, algo que es clave en el tratamiento de la obesidad.
Como en el resto de los tratamientos médicos, los resultados dependerán de la disposición para seguir las recomendaciones médicas y adoptar un estilo de vida más saludable.
Los medicamentos
Existen tres medicamentos aprobados para ser usados a largo plazo en el tratamiento de la obesidad.
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Nuevos medicamentos para combatir la obesidad
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Sibutramina
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Actúa sobre ciertos neurotransmisores del cerebro provocando saciedad.
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Rimonabant
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Bloquea ciertos receptores del cerebro y de este modo acelera la pérdida de peso mientras ayuda a dejar de fumar.
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Orlistat
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Es el primer fármaco que bloquea parcialmente la absorción de las grasas sin actuar sobre el cerebro. |
Además de los medicamentos aprobados para el tratamiento de la obesidad, pueden utilizarse ciertas drogas indicadas para tratar otras enfermedades, debido a que tienen efectos sobre el peso. Entre ellas se cuentan medicamentos para tratar la depresión, las convulsiones o la diabetes.
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Estos medicamentos deben ser recetados por el médico, bajo tratamiento controlado.
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Quiénes pueden usarlos
Son candidatos al tratamiento con medicamentos aquellos pacientes que tienen un IMC superior a 30 ó a 25 con enfermedades asociadas (haga clic en el botón Calculadoras de Peso, a la derecha de esta nota).
Pero más allá de las indicaciones generales, cada paciente debe ser analizado en forma exhaustiva antes de iniciar su tratamiento. Esto significa conocer en detalle su historia clínica, antecedentes de enfermedades e historia alimentaria, además de estudios de laboratorio, análisis cardiológicos, metabólicos y psicológicos. Hacer un diagnóstico exacto de cada caso permite desarrollar un plan terapeútico integral que incluya recomendaciones de alimentación, actividad física y otras modificaciones en el estilo de vida.
Las medicaciones servirán como apoyo para estos cambios. Sólo deben indicarse en algunos obesos que hayan realizado sin éxito otros tratamientos y cuya salud esté en riesgo a causa de su sobrepeso.
Riesgos potenciales
Del mimo modo que cualquier medicamento diseñado para usar a largo plazo, existen ciertos riesgos de efectos secundarios. Por lo general éstos suelen ser leves y mejoran con el tratamiento. Entre ellos se destacan problemas gastrointestinales como diarrea, calambres y gases, menor absorción de vitaminas (orlistat), dolor de cabeza, insmonio y constipación (sibutramina), náuseas, mareos y depresión (rimonabant).
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Para tener en cuenta:
Uso: La utilización correcta de un medicamento implica emplearlo para lo que corresponde y en la dosis indicada.
Mal uso: Usted está haciendo un mal uso de un medicamento si modifica por su cuenta la dosis prescripta por el médico y decide que si 2 comprimidos son buenos, 6 serán mejores. La dosis y frecuencia indicadas por el médico debe respetarse estrictamente. El mal uso de algunos medicamentos puede ser muy dañino y, en algunos casos, fatal.
Abuso: Cuando usted incrementa el consumo de medicamentos con una finalidad no terapéutica, incurre en el abuso. |