"Muchos adultos ni siquiera creen que los chicos pueden sufrir estrés. Pues bien, deben saber que los niños son muy propensos a padecerlo, aunque no lo puedan decir, y los padres deben estar muy atentos a los síntomas." Con estas palabras, la reconocida pediatra india Kala Iyengar, resume la tarea que a diario la ocupa en Nueva York desde hace 27 años: que padres y médicos puedan detectar en los chicos los síntomas de esta afección "invisible" que suele pasarse por alto.
"Entre los signos físicos con que el estrés infantil puede darse a conocer están el cambio brusco de la conducta habitual, la irritabilidad, el llanto, las alteraciones del sueño, la pérdida del apetito y los dolores abdominales, que los médicos no logran atribuir a ninguna causa orgánica específica -explica Iyengar, docente de la universidad Brahma Kumaris-. A medida que el chico crece, a esos síntomas se suman distintas afecciones en la piel, problemas respiratorios como el asma, o las infecciones frecuentes."
Claro que todos estos síntomas no se asocian al estrés, pero definitivamente son indicadores. "Los médicos deben estar atentos e indagar qué ocurre en el hogar para poder detectar si esas manifestaciones físicas son de estrés sin descartarlas rápidamente", recomienda la especialista.
Un sutil mecanismo
Para la pediatra los chicos absorben las "vibraciones" del entorno: conductas, diálogos y pensamientos de los padres y de quienes los rodean. "Los niños pueden olvidar con facilidad lo que perciben, pero son más sensibles que los adultos a los sentimientos estresantes -asegura-. Con la misma facilidad con que perciben los sonidos absorben las preocupaciones, el enojo o la intranquilidad que puedan sentir los padres. Y cuanto más chiquitos son, más rápido se dan cuenta de que algo no anda bien en casa."
Iyengar indica que la mente del chico funciona como un receptor de sentimientos y comportamientos de los adultos que, si no son naturales, lo incomodan. La primera reacción es de su mente, que transmite esa incomodidad al resto del cuerpo, donde se manifiesta.
Qué hacer
"En general -dice la especialista- los médicos somos muy buenos para identificar las causas de aquello que físicamente no está bien. Pero cuando surge algo que puede estar relacionado con la mente, derivamos al chico al psicólogo. Creo que esto no es suficiente como tratamiento: todos, padres y médicos, podemos mejorar el entorno del chico."
Entre las estrategias a utilizar para tratar el estrés infantil están los ejercicios de visualización (fijar la atención en imágenes creadas por la mente) y el juego guiado por especialistas. Pero la primordial es que los padres se involucren y pongan atención en estar tranquilos y relajados en casa.
Limitar la exposición excesiva a la televisión, las computadoras y los videojuegos es un punto importante: "Son una fuente poderosísima de estrés para la mente infantil, que se debe esforzar para seguir el ritmo de los mensajes y procesarlos rápidamente, sin obtener ningún beneficio de toda esa información -asegura Iyengar-. Los padres deben estar atentos a lo que su hijo mira; sin prohibírselo, pero limitándolo a unas pocas horas al día."
La pediatra también recomienda que los padres hablen con sus hijos sobre lo que los perturba, como pueden ser los sueños, que acumulan estrés. "A veces tan sólo cinco minutos al día para conversar son útiles para que los chicos pueden liberar la tensión", finaliza.